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PARTICIPACI"N LOCAL
M. C. Jorge Ch‡vez de la Pe–a
Para iniciar esta ponencia, deseo afirmar que la participación local la entiendo como participación social. Es decir, que lo local es un factor que puede contemplarse desde el punto de vista de la comunidad anfitriona, o de los inversionistas, o de los tour-operadores o de los dem‡s intermediarios que participan en esta actividad. Incluso debemos considerar al turista que participa localmente e interactœa con los dem‡s actores del proceso tur’stico. Una vez sentada esta premisa, deseo iniciar con la siguiente afirmación: EL TURISMO ES UN PROCESO SOCIAL, que consta de cuatro momentos:
a) el origen (lugar donde reside el turista o demanda potencial)
b) el viaje (o traslado al destino)
c) el destino (u oferta donde reside la comunidad anfitriona)
d) el regreso (al lugar de origen).
Lo anterior se desprende de la conceión generalizada del turismo que lo define en los siguientes tŽrminos: Proceso social que se da a partir de que un individuo (o grupo de ellos) se desplaza, por diferentes motivos, en forma temporal de su lugar habitual de residencia hacia un destino sin percibir por ello una remuneración.
El tema de esta mesa se refiere a la participación local en el ecoturismo, tema por dem‡s amplio y que en principio identifica a la comunidad anfitriona en el destino tur’stico, aun cuando por otra parte, siendo congruentes con nuestro postulado, Žsta deber’a estar involucrada durante todo el proceso y no sólo en ese momento del proceso. En cuanto al ecoturismo, la primera definición que deseo mencionar reza: Proceso tur’stico planificado en su desarrollo e interrelación con el medio ambiente. (1) Es decir, que no se trata de una moda ni de pasear a los turistas en la naturaleza utilizando los recursos naturales, ya que esto no garantiza la conservación de los mismos ni el beneficio para las comunidades anfitrionas. Lo anterior quedar’a claro en la siguiente definición: El turismo que consiste en realizar viajes a ‡reas naturales relativamente sin disturbar o sin contaminar, con el objetivo espec’fico de estudiar, admirar y gozar el panorama junto con sus plantas y animales silvestres, y as’ mismo cualquier manifestación cultural (pasada y presente) que se encuentre en estas ‡reas. (2)
Datos proporcionados por la Organización Mundial del Turismo (OMT) indican que desde los a–os 80 la tendencia del turismo de naturaleza en el mundo es una de las m‡s din‡micas y se prevee que en el futuro sea la de m‡s importancia. Yo insistir’a en el grave error de contemplar este fenómeno b‡sicamente como una modalidad o un segmento mercadológico, lo que provoca graves impactos socioecológicos, igual que en el turismo tradicional, como la experiencia de Kenya en çfrica o de Costa Rica en AmŽrica Central lo est‡ demostrando. La sustentabilidad como estrategia para el desarrollo del ecoturismo debe incluir tanto al ordenamiento antroponatural como los enfoques tŽcnicos y sociales que en su conjunto puedan servir como criterio rector y no sólo el económico. En igual forma, la multidisciplinariedad y la planeación participativa son variables rectoras del fenómeno que analizamos.
Y ya que este Coloquio se refiere al ecoturismo en çreas Naturales Protegidas (ANP), deseo mencionar que la Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente (LGEEPA) de MŽxico afirma en su T’tulo Segundo que Žstas podr‡n ser materia de protección como reservas ecológicas, y se–ala en su cap’tulo primero los propósitos de las ANP y el principio de la participación de las comunidades en su establecimiento, conservación, administración, desarrollo y vigilancia. La mencionada LGEEPA se–ala en su art’culo 47: En el establecimiento, administración y desarrollo de las ‡reas naturales protegidas a que se refiere el art’culo anterior, participar‡n sus habitantes de conformidad con los acuerdos de concertación que al efecto se celebren, con el objeto de propiciar el desarrollo integral de la comunidad y asegurar la protección de los ecosistemas. En este mismo sentido, el Programa de çreas Naturales Protegidas de MŽxico 1995-2000, elaborado por la Secretar’a de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca (SEMARNAP), establece algunos lineamientos en su cap’tulo VII relativo a las Estrategias, la Participación y Corresponsabilidad Social, tales como la integración del Consejo Nacional de çreas Naturales Protegidas, iniciativa que fue propuesta durante el Foro de Consulta Popular realizado por la SEMARNAP en 1994, convenios con universidades, ONGs, Estados y Municipios y la creación del Consejo Empresarial para la Conservación, entre otros.
El importante documento Nuestro Futuro Comœn subraya la necesidad de incorporar a las poblaciones nativas en el proceso de manejo de los recursos naturales, ya que ellas han vivido de los mismos sin haberles causado un impacto ambiental negativo. La participación de las comunidades anfitrionas en el proceso tur’stico no debe ser solamente como parte del producto, en calidad de empleados operativos de la pir‡mide ocupacional, como el turismo tradicional acostumbra, sino en todo el proceso tanto en la planificación del mismo como en su desarrollo y gestión. La visión del ecoturismo debe ser hol’stica, ya que de otra manera se crean islas donde el equilibrio socioecológico puede darse, pero que fuera de ellos sigue existiendo la discriminación social y la conducta ambientalmente irresponsable.
Todos sabemos que la oferta tur’stica, el producto, se define en función del perfil de la demanda y si atendemos al esquema del proceso tur’stico que presentŽ con anterioridad, entenderemos que el mismo principio de participación social que la LGEEPA establece para las comunidades, debe hacerse extensivo a los cuatro momentos del proceso mencionado. Lo anterior obedece a que cuando se trata de ANP, las comunidades asentadas en ellas son regularmente campesinas, ind’genas o de pescadores que tradicionalmente han vivido de explotar los recursos de su entorno. En el libro Territorios violados, sus autores afirman: La conservación de cada pedazo de tierra del mundo es una tarea que, por lo general, llevan a cabo los pueblos que los trabajan y viven en ellos. Por generaciones, ciertas comunidades han vivido en lugares que conocen profundamente y con los cuales establecen relaciones sociales y culturales muy cercanas. La mayor’a de los pueblos indios de AmŽrica Latina han sabido preservar esa forma de relación con su entorno. Las œltimas regiones silvestres que prevalecen en AmŽrica Latina son, en su mayor’a, por tradición, territorios indios. De lo que se desprende que, en esas regiones, cualquier amenaza en contra de la diversidad biológica y de la integridad de los ecosistemas, necesariamente se convierte en un obst‡culo para la sobrevivencia f’sica y cultural de los pueblos indios. (3)
Por ello, la planeación participativa recomendada por la FAO que incorpora en el proceso a las comunidades anfitrionas, debe ser una de las bases del ecoturismo entendido como Turismo Ambientalmente Planificado (TAP). Claro que la planificación tradicional es mucho m‡s f‡cil de instrumentar, como se desprende del an‡lisis comparativo sobre la Planificación del desarrollo tradicional y la Planificación del desarrollo que incorpora la dimensión ambiental y las interrelaciones que realiza HŽctor Sejenóvich en su ensayo Turismo y ordenamiento ambiental.(4) En forma resumida, encontrar’amos en ese an‡lisis las siguientes diferencia b‡sicas:
TRADICIONAL AMBIENTAL
a) Corto plazo Corto, mediano y largo plazos
b) InterŽs económico InterŽs económico, ambiental y
cultural regiona
c) Privilegio de intereses Privilegia los aspectos sociales
d) Imposición desde arriba Fomenta la participación social
e) Uso de tecnolog’as imitativas Promueve tecnolog’as ambiental y
socialmente adecuadas Un aspecto fundamental que deseo incluir entre parŽntesis, es el evitar que en aras de esta protección de los recursos naturales como patrimonio para el beneficio de la Humanidad, se permita que ahora el neocolonialismo ambiental de los pa’ses poderosos, sea un nuevo instrumento para que continœen sojuzgando a nuestros pueblos, con el fin de extraer de nuestros bosques y de nuestros mares, la enorme riqueza biótica que ellos nunca han tenido o que ya han destruido y les permita, a travŽs de la biotecnolog’a, mantener el desequilibrio social que padecemos los llamados subdesarrollados. Este estado de cosas es totalmente incompatible con los objetivos perseguidos por el desarrollo sustentable ya que contribuye a mantener el estado de pobreza en que se encuentran los poseedores originales de los recursos, adem‡s de que ecológicamente se sigue afectando su equilibrio.
Los pa’ses mesoamericanos y posiblemente la mayor’a de los sudamericanos, poseemos un alto porcentaje de población ind’gena que como consecuencia de nuestro subdesarrollo se mantiene ligada a la actividad agr’cola o pesquera, aun cuando la tierra o el mar no produzcan m‡s que para mal comer, en el mejor de los casos. Claro, no estoy hablando de los grandes terratenientes y empresarios, sino de los pobladores de ‡reas naturales a las que ahora se orienta la demanda tur’stica.
Yo quisiera preguntar sobre la forma en que esas poblaciones pueden participar, como se discute en esta mesa, del beneficio del ecoturismo. Y para responder, debemos tener muy claro quiŽnes son los actores del proceso y quŽ papel juegan en Žl. Porque creo que aqu’ es donde se encuentra el meollo del problema. Y para ello, me valdrŽ nuevamente del esquema del proceso tur’stico:
a) Origen, el lugar donde se encuentra la demanda potencial. Aqu’ encontraremos a uno de los actores fundamentales: el turista, pero tambiŽn encontraremos las agencias de viajes, las compa–’as promotoras, los tour-operadores y otros agentes.
b) Viaje o desplazamiento. Otros important’simos actores del proceso: los transportistas, las grandes compa–’as de aviación, navieras o de transporte terrestre, sea carretero o de ferrocarril.
c) Destino o lugar donde existe la oferta. Aqu’ tambiŽn encontramos a dos de los actores fundamentales: la comunidad anfitriona y los inversionistas,que pueden ser fundamentalmente hoteleros, aun cuando estos œltimos podr’an encontrarse participando asimismo en los otros dos momentos se–alados anteriormente. TambiŽn encontramos a la industria restaurantera, las amenidades, las artesan’as y muchas otras actividades productivas que integran la industria tur’stica. Aqu’ me permitirŽ hacer un parŽntesis para aclarar que este tŽrmino se debe referir a estas actividades y no a todo el proceso, como sigue sucediendo por desgracia. Desde la reunión de Manila se superó esa visión tan estrecha, pero hay intereses que no desean darle al turismo su justa dimensión.
d) Regreso. Aqu’ nuevamente entrar’an los transportistas como los principales actores.
e) Sector pœblico. El actor rector de todo el proceso, ya que sus intereses (desarrollo social, captación de divisas, equilibrio territorial, protección de recursos naturales, culturales, etc.) son el marco y la base en los que se desarrolla el fenómeno.
L’neas arriba hice la pregunta sobre la forma en que cada uno de los actores del proceso podr’a o deber’a participar del beneficio. Y es aqu’ donde empieza el problema principal, ya que en todos los a–os que tengo en esta actividad, no he encontrado a uno sólo de los participantes que no desee llevarse la tajada del león, salvo tal vez el sector gubernamental, aun cuando tambiŽn busca recuperar a nivel de impuestos o captación de divisas, la inversión que efectœa con los recursos del erario.
Si el esp’ritu que anima al desarrollo actual es el de la sustentabilidad, y Žste a su vez plantea principios Žticos y de equidad, creo que lo primero que debemos hacer es empezar a cuestionarnos como parte del proceso, quŽ es realmente lo Žtico y lo equitativo para nosotros y para los dem‡s. Segœn afirma Mart’n Alonso, en su Enciclopedia del Idioma, la Žtica es: Parte de la filosof’a que trata de la moral y las obligaciones del hombre. Cabr’a tambiŽn preguntarnos quŽ tan moral es nuestra conducta y hasta dónde cumplimos nuestras obligaciones como seres humanos. La equidad sigue siendo una interrogante, ya que en derecho se conceptœa como el dar a cada quien lo suyo. El conflicto sigue siendo el definir quŽ es lo suyo de cada quien, ya que en este principio se incluyen aspectos tan profundos como el derecho a la propiedad, o el producto del trabajo. No es posible, desde mi punto de vista, que el tour-operador o el inversionista en servicios o el agente de viajes, pretendan llevarse el 50% (cada uno) de los beneficios económicos de esta actividad. Y ni quŽ decir de los gu’as de turistas, o los transportistas, o la propia comunidad en su relación con los dem‡s participantes, etc. En œltima instancia, creo que ser’a Žtico y equitativo, es decir, justo, que las poblaciones nativas, propietarias originales de los atractivos tur’sticos y que en el caso de las ‡reas naturales protegidas, se encuentran en niveles de pobreza extrema en su mayor’a, reciban el mayor beneficio y los dem‡s participantes negocien su parte proporcional.
No podemos hablar de un desarrollo sustentable que permita a las generaciones futuras gozar de una calidad de vida mientras que en la actualidad la mayor’a de la población en el mundo no la alcanza todav’a. Porque en este nivel es necesario reflexionar sobre esta otra categor’a: calidad de vida. Para entenderla en el sentido que deseo enfatizar, debemos considerar tres aspectos de calidad de vida:
a) económica.
b) ecológica.
c) social.
A partir de estos tres enfoques, podr’amos analizar la situación de los multicitados actores del proceso tur’stico. A grosso modo, encontrar’amos que los inversionistas gozan de una calidad de vida económica de alto nivel, que las comunidades anfitrionas gozan de una calidad de vida ecológica de alto nivel, que el sector pœblico goza de un alto nivel de vida social, y as’ sucesivamente. Y tambiŽn podr’amos darnos cuenta que unos y otros carecen de lo que el otro tiene. Y justamente eso es lo que nos preocupa, porque una vez que las poblaciones urbanas han destruido o degradado el medio ambiente, su entorno, buscan gozar de lo que las otras comunidades poseen, es decir, la naturaleza, las anps, en un estado casi virgen. Para ello, se instrumenta toda una estructura que permite a este segmento de la humanidad, desplazarse de las grandes aglomeraciones humanas hacia zonas donde puedan satisfacer sus necesidades.
Es aqu’ donde tambiŽn debemos prestar atención a esos turistas, que provienen de pa’ses altamente industrializados, o simplemente de lugares o centros de producción donde la calidad de vida carece de ese factor ambiental. Y si nos atenemos a las leyes de mercado, es indudable que un bien escaso se paga a mayor precio. Y aunque esto sucede, ya que se considera que el ecoturismo es m‡s caro que el turismo tradicional, las comunidades nativas propietarias de los recursos y que supieron mantenerlos en un equilibrio natural, reciben migajas en el mejor de los casos. Todos conocemos casos en que los turistas (como sucede en Baja California, en Sonora y muchos otros lugares de MŽxico) llegan con su comida, acampan o estacionan sus veh’culos en zonas de gran belleza y se van sin dejar beneficios a la comunidad, pero s’ un montón de basura.
Habr‡ quienes digan que los nativos no tienen cultura tur’stica, que no saben atender al turismo. Y desde un aspecto tŽcnico, podr’a ser cierto, pero hay otro argumento y es el de la hospitalidad. Casi todos los pa’ses latinoamericanos nos caracterizamos por la calidez de nuestra gente, por la alegr’a y la cultura ancestral que se manifiesta en las artesan’as, en la arquitectura prehisp‡nica o colonial, en nuestra gastronom’a, etc., y eso es uno de los elementos m‡s importantes del producto tur’stico. El turismo se identifica con el sector de servicios, porque no compra un bien sino una satisfacción, y mientras m‡s placentera sea Žsta, m‡s probabilidades hay de Žxito en la empresa de que se trate.
Otro aspecto vital es respecto a las responsabilidades que tienen los participantes en el proceso, ya que nuevamente ser’a necesario ubicarnos en los tres enfoques mencionados. El empresario tiene la obligación de cuidar el ambiente, por lo que la Ley actualmente le exige un estudio de impacto ambiental y tiene que cubrir los impuestos correspondientes. El sector pœblico tiene la obligación de proporcionar los servicios b‡sicos necesarios para la vida del grupo social, tales como luz, agua, comunicaciones, drenaje, etc., por los cuales los residentes deben pagar tambiŽn sus impuestos. Y as’ cada uno debe cumplir con la obligación de la que es sujeto, pero dif’cilmente se aclaran los costos ecológicos que cada uno debe cumplir, ya que Žstos son a mediano o largo plazos y asunque la LGEEPA, identifica muchos de ellos, todav’a no se cubren en la medida de lo deseado. Basta poner como ejemplo muchos de nuestros destinos tur’sticos m‡s exitosos, Cancœn entre ellos. La capacidad de carga, el impacto ambiental, la participación de las comunidades anfitrionas, la justa distribución de los beneficios y las obligaciones, son todav’a una aspiración a alcanzar.
Por lo que, para concluir, deseo enfatizar que en el Turismo Ambientalmente Planificado (TAP), o sea el ecoturismo no como turismo de naturaleza o como moda pasajera, sino con base en la sustentabilidad, la multidisciplinariedad y la planeación participativa, debemos considerar el costo-beneficio económico, el social y el ecológico, para que a su vez se puedan definir los niveles de participación local, es decir, de los grupos sociales o individuos involucrados en este proceso social.
Muchas gracias.
M. C. Jorge Ch‡vez de la Pe–a
Cancœn, Q. Roo. MŽxico
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