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Ecologica - Las Selvas Tropicales

La estrategia indígena. Una visión conservacionista del uso de los recursos naturales
Ma. de Jesús Ordoñez

El trópico cálido húmedo de México, se ubica en altitudes que van entre los cero y 1,000 metros sobre el nivel del mar, con precipitación pluvial de 2,000 y 5,000 mm anuales y temperatura media anual de 20ºC. Bajo estas condiciones crecen las selvas altas perennifolias con árboles que alcanzan más de 30 metros de altura y las selvas medianas subperennifolias.

El trópico cálido húmedo originalmente cubrió desde San Luis Potosí, pasando a lo largo del estado de Veracruz y algunas regiones limítrofes de Hidalgo, Puebla, Oaxaca y Yucatán, y hasta el norte y noreste de Chiapas, algunas porciones de Tabasco y buena parte de la Península de Yucatán. Tan amplia área reúne una alta riqueza biológica y cultural. Se ha estimado la presencia de más de 5,000 especies de plantas vasculares, mientras la cultural se expresa en 29 de los 60 grupos indígenas que todavía existen en el país, quienes han jugado un papel prominente en el manejo y conservación de los recursos de la zona. Destacan por su número los nahuas, mayas, choles, tzeltales, chinantecos y zapotecos.

Hoy el trópico comprende 392 municipios de 12 estados de la república; cubre una superficie de más de 21 millones de ha. Se han registrado más de 5,200 núcleos agrarios, entre ejidos y comunidades indígenas, que se extienden por más de 10 millones de ha es decir, la mitad del territorio del trópico húmedo. La información recopilada en los censos agropecuarios y ejidales de 1961 a 1991 indican una disminución de la cubierta vegetal original de las selvas.

Se reconoce que los grupos indígenas poseen una estrategia general de manejo de los recursos tropicales. Se basa en una práctica de uso múltiple que incluye 6 sistemas productivos:

1. la milpa o áreas agrícolas equivalentes que por lo común constituye un policultivo, en donde crecen varias decenas de especies anuales y perennes; 2. el huerto familiar; 3. el potrero; 4. la plantación forestal; 5. los cuerpos de agua ( ríos, lagos, pantanos, arroyos, lagunas) y 6. las selvas primarias y secundarias manejadas, que conforman los ámbitos propiamente forestales, y de los cuales se obtienen una enorme variedad de productos para la autosubsistencia y/o su comercialización.

Todos estos sistemas se encuentran integrados en la mente del productor indígena y están dinamizados a través de los procesos de regeneración ecológica; también en sus diferentes sistemas de producción.

De las prácticas propiamente forestales se ha encontrado que los grupos indígenas reconocen más de 1,200 especies de plantas de las cuales obtienen cerca de 2,700 diferentes productos. Esta práctica forestal indígena utiliza recursos que provienen más de las selvas secundarias que de las primarias y extraen mucho más productos no-maderables que maderables.

En términos generales, el modelo indígena se caracteriza por presentar una estrategia que aprovecha dos rasgos fundamentales del trópico húmedo:

- la gran diversidad biológica y los rápidos procesos de regeneración de los ecosistemas selváticos y

- el predominio y mantenimiento de la cobertura forestal.

Por ambas razones se contrapone a la política seguida en los proyectos de modernización, que por lo común descansan en la especialización basada en unas cuantas especies y que producen un gran deterioro, principalmente desforestación. Por lo mismo el modelo indígena posee un indiscutible valor conservacionista.

No obstante que los grupos indígenas tienen una larga historia de poblamiento en el área, nunca han sido tomados en cuenta a la hora de aprobar y establecer los proyectos de modernización del trópico húmedo. Esto ha significado para algunos grupos la afectación de sus modos de vida y de sus formas de aprovechamiento de los recursos naturales, así como el desmantelamiento de sus territorios históricos, como ocurre con los chinantecos y mazatecos en Oaxaca.

En siete regiones indígenas los grupos étnicos han sufrido las consecuencias negativas de diversos proyectos de modernización, instrumentados por el Estado. En todos los casos, las poblaciones indígenas se han visto afectadas por la destrucción de sus recursos forestales y el desplazamiento de sus asentamientos.

En los sitios donde las comunidades indígenas fueron trasladadas para dar paso a obras gubernamentales de gran envergadura (como las presas), por lo común las dependencias gubernamentales responsables no cumplieron con las obras de infraestructura básica y con las facilidades prometidas a los grupos afectados. Cambios realizados en otros ámbitos producen efectos indirectos y el deterioro de sus recursos; por ejemplo, la desecación de los humedales del centro de Tabasco, que incidieron desfavorablemente en los ciclos de pesca y agricultura de los chontales. A lo anterior se agrega la contaminación por la industria petrolera.

De acuerdo a las experiencias recopiladas en las regiones indígenas, bien vale la pena enlistar las siguientes recomendaciones:

- Alentar la creación de un Consejo de los Pueblos Indígenas del Trópico, que operaría como interlocutor de las diversas acciones de planificación, apoyo, coordinación y conservación.

- Es necesario que los investigadores, técnicos y promotores reconozcan la experiencia acumulada por las culturas indígenas. Esta experiencia se pone de manifiesto, por un lado, a través de la organización social y productiva de las comunidades indígenas, y por el otro, a través del modelo indígena de manejo de los recursos.

- Establecer un ambicioso programa de capacitación de promotores indígenas que estaría enmarcado por la doble necesidad de restaurar ecológicamente diversas zonas y rescatar culturalmente a sus habitantes. La capacitación debería hacer confluir, en una síntesis de carácter filosófico, toda la sabiduría ecológica acumulada por las culturas milenarias y la experiencia ganada por los investigadores y técnicos mexicanos y extranjeros que se han dedicado a estudiar el trópico húmedo mexicano

La vida de Tunkuwini en Caxhuacan, Puebla
Salvador Vázquez

En este proyecto se retoman las prácticas tradicionales de esta comunidad totonaca y se le impulsa y capacita para su mejor incorporación al sector productivo. En 1990 el párroco Rafael Pacheco Cejeda, inició la organización de las comunidades indígenas de Caxhuacan, San Juan Ozelonacaxtla, Atlequizayan, Ignacio Allende, Cucu Chuchut, Capin y Coyoaca, alrededor de la medicina natural.

Luego de varias reuniones y reflexiones salieron acciones que se pueden llevar a cabo como: regresar a trabajar como nuestros antepasados, rescatando los procesos organizativos; rescatar la cultura, como es el caso de la medicina natural; y otras más.

Las primeras acciones las hicimos bajo el nombre de URCISP, Unión Regional de Comunidades Indígenas de la Sierra Poblana, y se optó por una Sociedad de Solidaridad Social afin de dar legalidad a la organización. En 1991 se le dió el nombre de Tunkuwini, que quiere decir "Nuevo Amanecer".

En ese mismo año, se consiguió un crédito de PRONASOL para acopio y comercialización de café y se captaron 420 quintales de café pergamino seco, que fue comercializado a través de UCIRI, organización similar de comunidades indígenas de la región del Itsmo. Ya comercializado el café, el crédito se pagó al cien por ciento.

En 1993 y 1994 se recibió un financiamiento del Programa de Acción Forestal Tropical, que se utilizó para la capacitación en la producción de café orgánico, en la preparación de plantas medicinales y en la construcción de la Casa Social, además de la formación de promotores comunitarios y de asesoría técnica y social. La casa es un local que funciona como oficinas, y en donde también se ofrecen clases para el conocimiento de la medicina tradicional y se tiene un dispensario de medicina indígena. Además se utiliza como bodega para el acopio del café orgánico.

En 1994 se inició relación con la fundación internacional Max Havelaar Transfair, y en marzo del mismo año se consiguió el permiso de exportación de café.

En 1995, las nuevas autoridades municipales y eclesiásticas les provocan serios problemas a Tunkuwiini. Se les destruyó el jardín botánico y la casa social, porque se encontraban en el terreno parroquial. Esto, a pesar de contar con un convenio (que no se respetó), firmado por el párroco y el decano, autorizando el uso del terreno.

A finales de 1996, se llegó a un acuerdo con el arzobispo y, según consta en acta, se entregó una recompensa para construir nuevamente la casa y el jardín botánico. Asimismo, la sociedad estuvo a punto de perder todos los documentos legales y los de medicina indígena.

En 1997 ha llegado al mercado alternativo internacional, pues se cuenta con Max Havelaar para utilizar su sello de calidad, siempre y cuando, como organización, se cumplan las obligaciones de ellos como fundación. Actualmente se cuenta con un terreno propio donde ya se construyó la casa social y una pequeña tienda de abasto, un molino de nixtamal; se tiene también una camioneta propiedad de la Sociedad.

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