

Cuando yo era niño solía escuchar expresiones como "el indio es enemigo del bosque, no hace más que talar y quemar el monte". Por extensión se aplicaba esta "máxima" a todos los campesinos, que día tras día hacían leña, carbón, vigas, tejamanil. O peor aún: desmontaban para hacer su milpa con lo que destruían "para siempre" la exhuberante selva. Tuvieron que pasar décadas para que yo empezara a percibir otra realidad.
Se entiende que prácticamente toda intervención humana para obtener el sustento altera el ecosistema natural, pues la sociedad ya no puede abastecerse solamente de raíces y frutos silvestres y de la cacería y pesca rudimentarias. Hecha esa salvedad, se puede vivir en mayor o menor armonía con la naturaleza, o de plano destruir el potencial biológico del suelo, su capacidad de sustentar la vida vegetal, animal y humana. Cabe comparar entonces la adecuación ecológica de las prácticas indígenas con la gran agricultura: la de la revolución verde y la ganadería extensiva, particularmente en el trópico.
En efecto, los indígenas abren pequeñas superficies de selva para establecer su milpa itinerante. Al abandonar la tierra poco después, cuando la productividad se abate, en realidad están practicando una sabia rotación, pues se instala ahí el acahual, vegetación secundaria que rápidamente forma suelo. En cambio los empresarios agrícolas pseudomodernos y el propio gobierno desmontan grandes superficies, con la ilusión de que al mecanizar las labores podrá practicarse una agricultura permanente o una ganadería de eterna productividad. Pero una y otra vez se paga caro querer enmendar la plana a la naturaleza. Esas grandes superficies son inclementemente azotadas por los vientos huracanados, la brutal insolación que agrava los daños de las sequías, la proliferación de plagas y cien perjuicios más, sin la protección de la selva circundante que amortigua semejantes fenómenos.
No se trata de hacer una apología de la agricultura indígena, pues no pocos se han "ladinizado tecnológicamente", caído en la tentación del trabajo fácil gracias a la ayuda de los herbicidas. O en la ilusión de que un potrero de diez o veinte hectáreas los hará prósperos ganaderos, aunque pronto se den cuenta que la tierra le reclama al hombre los daños que le hace y reduce drásticamente su capacidad productiva: la milpa es agobiada por invasores pastos resistentes a los herbicidas y las verdes praderas se cansan y ya no pueden alimentar a las escuálidas vacas que no dan más que lástima.
Sin embargo mi experiencia es que los indios mexicanos y seguramente los de toda América, responden al pensamiento vuelto a surgir al cumplirse 500 años del infausto encontronazo de dos mundos: "Nos acuchillaron nuestro cuerpo, nos quitaron casi todo, pero no pudieron cortar nuestras raíces, de ahí volveremos a brotar..."
Esos nuevos brotes se están expresando no solamente en los movimientos políticos que hacen oír la voz por siglos sometida, sino también en forma callada, con creciente efectividad, en la búsqueda de alternativas de producción agrícola, pecuaria y forestal, armónicas con la naturaleza y precisamente arraigadas en la mejor tradición de amistad con el mundo que nos rodea. Con lo que en realidad se vuelven formas verdaderamente modernas, como diría Víctor Toledo, por ser sostenibles, como es la exigencia actual de la humanidad, que busca preservar la cubierta forestal, la biodiversidad, la sustitución de agroquímicos por medios naturales para restaurar la fertilidad del suelo y controlar las plagas, en beneficio de la actual y las futuras generaciones.
En mi vivencia de los últimos años he constatado ejemplos de opciones productivas, mucho más intensas en los pueblos indios que entre los mestizos pobres y aún más que entre los medianos y grandes productores, con honrosas experiencias que no hacen más que confirmar la regla. Unos ejemplos:
- Café orgánico en Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Puebla; vainilla orgánica en Veracruz y Oaxaca; miel orgánica en Colima y Campeche de abejas nativas sin aguijón; miel de abeja nativa Melipona en Yucatán; cultivo de palma camedor a la sombra de acahuales en Veracruz; abonos verdes asociados al maíz en Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Yucatán, Campeche, Tabasco y Veracruz; producción intensiva de insecticidas botánicos y de organismos benéficos para el control de plagas en la costa de Oaxaca; ganadería que combina pastos con árboles en Yucatán y Campeche; hortalizas biodinámicas; herbolaria y medicina indígena; y reforestación de impulso popular en todas partes.
Esta actividad y movilización indígena y campesina algunas veces ha sido "espontánea", pero más frecuentemente ha contado con el apoyo solidario, con el acompañamiento de centenares de ONG's, que se retroalimentan con las comunidades y constituyen una expresión de la sociedad civil, tan activa como en la defensa de los derechos humanos. Aunque es bueno señalar que hasta algunas oficinas gubernamentales se han sumado a este impulso, más como compromiso personal de promotores de campo o incluso de jefes, que enfrentan la pesada resistencia burocrática, atada con pesadas cadenas administrativas.
Sólo me queda decir que los no indios tenemos mucho que aprender de los indios para portarnos como hermanos de todos los seres que habitan el planeta.
Uno de los recursos naturales que se está desaprovechando es la producción de miel de las abejas silvestres, entre ellas está la xunan'kab Melipona beecheii Benneth, una de las abejas nativas sin aguijón del área maya. Este proyecto comunitario es un claro ejemplo de la incorporación de las comunidades indígenas, la maya en este caso, en el proceso de desarrollo, aprovechando sus conocimientos y técnicas ancestrales, que aseguran la conservación de la biodiversidad.
Durante las épocas prehispánica y colonial cada familia contaba por lo menos con 10 troncos o jobones, como se conoce a las colmenas de estas abejas, porque además de dar la miel para endulzar sus bebidas, la usaban como medicina en múltiples afecciones; sus propiedades medicinales la hicieron indispensable dentro de la farmacopea maya. En cuanto a la cera, era muy preciada para la elaboración de velas y otros adornos necesarios en las actividades mágico-religiosas; también preparaban bebidas ceremoniales, sobre todo en las relacionadas con la milpa,
Sin embargo, cuando la caña de azúcar fue introducida a México, incorporándose a la dieta de los mayas, así como la llegada de las abejas americanas que tenían más producción de miel, la cría de las xunan'kab fue desapareciendo. El arribo de la abeja africana, ha obligado a los apicultores a reubicar sus colmenas de abejas europeas y llevarlas a las afueras de los poblados, por lo que vuelve la posibilidad de que el espacio del solar que éstas dejan sea reocupado por las xunan' kab que, por carecer de aguijón, hace que su manejo sea una actividad idónea para las mujeres, niños y los señores de edad avanzada, pues no corren el riesgo de ser atacados por los insectos y su cuidado es fácil y seguro.
Debido a esto, en 1992 se formó un grupo de campesinos ex-henequeneros mayas (de 45 a 70 años o más) y se dieron a la tarea de trabajar para rescatar a estas abejas nativas porque, como ellos mismos mencionaron, fueron de gran importancia social, económica y ecológica.
Las abejas son excelentes polinizadoras, principalmente en los cultivos de los frutales y las hortalizas, mejorando de esta manera la producción. Por lo tanto existe la esperanza de integrar a las comunidades, especialmente las que están en áreas protegidas, en trabajos productivos que no perjudiquen los propósitos de conservación y uso de los recursos naturales. Además, la abeja requiere para su alimentación de especies nativas, por lo que en forma indirecta se ha promovido la reforestación de árboles melíferos.
Hoy este grupo de trabajo está comercializando toda la producción que obtienen: miel virgen, jalea maya (50% de miel y 50% de polen) y goteros oftalmológicos. Podría decirse que a nivel regional, pues la producción es baja, aunque llegan a México, Tamaulipas, Xalapa y Cancún, en cantidades pequeñas. Sin embargo, ellos tienen la convicción de que en un corto tiempo van a duplicar sus jobones y de esta manera aumentar su producción.
La vegetación secundaria, mejor conocida como acahual, es un recurso poco utilizado en México. La idea es transformar estas zonas, tradicionalmente calificadas como ociosas, en ecosistemas productivos.
En 1990 la Unidad Regional de Culturas Populares de Acayucan, inició actividades para la conservación de los recursos naturales. Una de ellas fue el establecimiento de viveros múltiples comunitarios. Con la participación de niños, jóvenes y campesinos se realizaron colectas de plantas medicinales y ornamentales. Esta experiencia fue muy importante para el grupo de trabajo, que se intereso en seguir cultivando estas palmas del género Chamaedorea, o camedor.
En 1993, un grupo interesado en el cultivo de esa palma, recibió apoyo económico para iniciar el proyecto en Pajapan. La finalidad del proyecto es generar alternativas productivas para mejorar la calidad de vida de los campesinos indígenas, y que estas permitieran también la conservación de los recursos naturales. En este caso de áreas de acahual y selva.
En el vivero se coleccionaron 12 especies diferentes de palma camedor. Su manejo ha representado un espacio de capacitación, importante para los campesinos interesados en el cultivo de algunas de las especies comerciales de este grupo de palmas. Para la parcela demostrativa se escogió la Chamaedora elegans, por ser la de mayor demanda en los mercados extranjeros y mostrar un notable crecimiento en la etapa de vivero.
Al establecer esta parcela, a la mayoría de los comuneros externos al grupo les pareció absurda la idea de cultivar una planta "que crece solita" en el monte, sin necesidad de que nadie la siembre, aunque se ha sobreexplotado y los campesinos tienen que ir cada vez más lejos para recolectar las hojas.
Tres años después de establecida la parcela, se inicó la cosecha de palma y ha sido tal la cantidad y calidad de hojas cortadas en cada jornada de trabajo, que se despertó una gran expectación en la comunidad y en la región y ahora se multiplican los grupos interesados en cultivarla.
La experiencia está disponible y con gusto la compartimos con campesinos que quieran hacer más productivas sus selvas o acahuales, para bien de ellos mismos y de la naturaleza. Este año el proyecto empezará a transformarse en uno regional, para la protección de flora y fauna. Solamente en el área de manejo de acahuales con palma camedor, se han organizado 8 grupos comunitarios.
Indice:
A quién le interesa la desforestación del trópico? |
Desarrollo sostenible en Tututepec, Oaxaca |
La estrategia indígena< |
Desarrollo del turismo ecológico y cultural en el ejido Tulum |
La agricultura indígena y la modernidad |
Ganadería y reforestación en el trópico mexicano |
Un modelo asociativo, el mecanismo para dar respuestas locales a problemas globales |
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