Ecoturismo


Parks/Alvarez

DISTRITO FEDERAL

Parques Nacionales de Mexico
Por Fernando Vargas Marquez

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Parque Nacional Desierto de Los Leones

 

Ubicación Política

El parque nacional se encuentra ubicado en el Distrito Federal, en la Delegación Política de Cuajimalpa de Morelos la mayor parte y en la Delegación Alvaro Obregón una pequeña parte de la porción sur oriental (FVM, con base en INEGI).

Superficie

Tiene una superficie de 1,866 hectáreas. Aclarando que se reportan tres diferentes datos de la superficie del parque nacional. De acuerdo al Decreto de creación del parque, publicado en el Diario Oficial de la Federación del 27 de noviembre de 1917 y el decreto presidencial publicado en el diario oficial de la federación del 19 de diciembre de 1983 en donde se expropia e indemniza a la comunidad de San Mateo Tlaltenango para utilizarlo como parque cultural y recreativo, dan una superficie de 1,529 hectáreas.

De acuerdo a dos mapas del Departamento Forestal y de Caza y Pesca, uno de fecha de 24 de diciembre de 1935 y con fecha de levantamiento de 12 de enero de 1930, y otro de 1937, con SARH (1983) y Vargas (1984: 198) dan una superficie de 1,866.999 hectáreas.

González y Sánchez (1961:48) reportan una superficie de 1,900 hectáreas.

Ubicación Geográfica (coordenadas)

El parque se encuentra dentro de las siguientes coordenadas geográficas, latitud Norte 1915'20" y 1919'40"y de longitud Oeste 9917'40" y 99 19'40" (Vargas, 1984: 198).

Tenencia de la Tierra y otros Aspectos Legales

Con base en el Diario Oficial de la Federación del 19 de diciembre de 1993, en donde se publica el "Decreto que por causa de utilidad pública se expropia una superficie de 1,529 hectáreas a favor del Departamento del Distrito Federal, quien las destinará a la preser-vación, explotación y embellecimiento del, parque cultural y recreativo conocido con el nombre "Desierto de los Leones", son terrenos nacionales a cargo del Departamento del Distrito Federal, ya que se expropió e indemnizó con $ 450,000 000.00 a la comunidad de San Mateo Tlaltenango, las 1,529 hectáreas, a razón de $ 294,310.01 por hectárea. Lo que dio como resultado el 81.93% de terreno nacional y 18,1% de terreno no identificado.

Fecha del decreto de creación publicada en el Diario Oficial de la Federación y otros aspectos importantes del mismo

27 de noviembre de 1917 ( 19 de diciembre de 1983 cambia de nombre por el de Parque Cultural y Recreativo).

Objetivo.

Que es un deber del Ejecutivo Federal cuidar y fomentar los bienes Nacionales especialmente los cuya conservación es indiscutible interés Público y siendo propiedad de la Nación el Bosque ubicado en la Municipalidad de Cuajimalpa, Distrito Federal, conocido con el nombre de "Desierto de Los Leones", tanto por la belleza natural de unos paisajes, como por el alto intereses histórico de las ruinas que en él se encuentran, debe ser objeto de una atención especial de parte del Ejecutivo, con tanta mayor razón que dada su proximidad a la Capital de la República, puede hacerse de él un centro de recreo al transformarlo en un Parque Nacional; con fundamento en lo que disponen los artículos 60 de la Ley de 18 de diciembre de 1909 y 44 de la de 21 del mismo mes y año, he tenido a bien expedir el siguiente

Decreto.

Artículo Primero: El terreno nacional ubicado en la Municipalidad de Cuajimalpa, conocido con el nombre de "Desierto de los Leones", cuya superficie es de 1,529 hectáreas, se declara parque nacional con el nombre de "Parque Nacional Desierto de los Leones", conservando los linderos que actualmente se le reconocen.

Artículo Segundo: La administración, conservación y embellecimiento del parque, quedarán a cargo de la Secretaría de Fomento, con excepción de las ruinas históricas que se encuentran cuya conservación y cuidado dependerá de la Secretaría de Comunicación y Obras Públicas.

Artículo Tercero: La Secretaría de Fomento queda autorizada para realizar los productos explotables, tales como maderas muertas, árboles enfermos, defectuosos o caducos, y los que alteren y perjudiquen al desarrollo de la vegetación principal; empleando el producto de ellos en el mejoramiento del mismo parque; pero por ningún motivo otorgará permisos o concesiones, o celebrará contratos con particulares, para que ellos directamente hagan el corte y explotación de los árboles y demás productos forestales. Igualmente queda prohibida la caza y apacentamiento del ganado dentro del expresado parque (Venustiano Carranza, 1917).

Institución que lo Administra

En la actualidad la administración del parque esta a cargo del Departamento del Distrito Federal.

Infraestructura

Albergue, mesabancos, kioscos, sanitarios, juegos infantiles. Dentro de este parque nacional se encuentran vestigios de un muro llamado "Barda de la Ex-comunión" la cual medía tres leguas, es decir aproximadamente 16,716 metros, esto se debe a que en lo alto de la puerta contenía escrita la ex-comunión que el Papa Clemente VIII había formulado contra toda mujer que se atreviera a franquear el recinto. Así mismo se encuentran las Ermitas de "San José", "Santa Bibiana", "Getsemani" construida en 1608, "La Virgen de la Soledad" del año de 1609, "San Alberto" de 1610, "Santa Teresa" de 1611, "San Juan" de 1611, "Santa María Magdalena" de 1612, "El Calvario" de 1613 y "San Elías"; dichas Ermitas se encuentran en condiciones malas. También se encuentra una cruz llamada "Cruz Blanca" situada al oeste del parque nacional (Sosa, 1952).

"A partir de hoy sábado, los niños podrán aprender, divertirse y conocer diferentes especies de la fauna mexicana, cuando el Centro de Educación Ecológica del Desierto de los Leones (CDEEDL) abra sus puertas al público.

Habrá visitas guiadas y se podrá conocer la fauna de México en un espacio que se localiza en citado centro. Los niños podrán conocer algunas especies en peligro de extinción como el pájaro carpintero mexicano, jabalíes americanos, gallinas silvestres, truchas de arroyo y al venado de cola blanca dijo Jaime Valor, director de CEDEEDL.

Agregó que algunas de las especies como el venado cola blanca y el jabalí, fueron donados por el zoológico de Zacango y el Ocotal, del Estado de México y que una de las finalidades de este centro, es educar a las nuevas generaciones acerca de la ecología porque se están reproduciendo aquí y luego se soltarán en una área que esta cercada para que formen parte del ecosistema, por ejemplo, el pájaro carpintero se alimenta de larva barrenadora, pero con la mancha urbana se ha ido, y ha provocado que se pierdan muchos árboles.

El CEDEEDL fue inaugurado por el regente Oscar Espinosa Villarreal el pasado 21 de septiembre y forma parte del programa "SOS Operación Desierto", que lleva a cabo la delegación Cuajimalpa.

El programa incluye la restauración del convento del Desierto de los Leones, la habilitación del Sendero de San Borja y la creación de un centro de reproducción de truchas, que busca producir 20 toneladas al año.

Se busca que el proyecto ecoturístico sea autofinanciable dijo Sergio Téllez Moreno, Subdelegado de Desarrollo Social y Cultural de Cuajimalpa, por lo que se pagaran cinco pesos por entrar, que se destinaran al mantenimiento.

El CEDEEDL tendrá el mismo horario del Parque Nacional Desierto de los Leones de 10:00 a 17:00 horas, permaneciendo cerrado los lunes" (Vilchis, 1996: 4).

Concesiones y Servicios Particulares

Los servicios que se ofrecen son el de transporte, alimentos, artesanías.

Actividades Recreativas

Día de campo, campamento, excursionismo, observación de paisajes, observación de vida silvestre y arquitectura colonial.

Problemática

En el parque, no existe un control efectivo sobre los visitantes. En zonas cercanas a la principal área recreativa del exconvento existen árboles ocoteados. En áreas y veredas cercanas al mencionado lugar existen cantidades considerables de basura. No se respeta el horario del parque, que es de las 6 a las 17 horas, sobre todo el vespertino.

La reforestación no esta bien planeada. Se encontraron cantidad de montones de arbolitos tirados en diferentes veredas y echándose a perder. Se observaron arbolitos de cedro plantados a los 3,700 m.s.n.m., los cuales no han prosperado. La comunidad de San Mateo Tlaltenango esta cobrando en las entradas del parque, $10por vehículo, sin ningún derecho, ya que fueron expropiados e indemnizados (de lo cual ellos estuvieron de acuerdo) por las 1,529 hectáreas con $450,000. Y ese dinero debería ser en beneficio del parque. La vigilancia se centra en la parte del Exconvento y zonas aledañas. En la parte centro y sur del parque no existe vigilancia. Por la entrada al Ex-Convento se cobran $2.00 por persona.

Existen numerosas obras ya construidas y otras en construcción para retornar el agua del parque. Lo cual puede ocasionar falta de la misma, para las necesidades básicas de los mismos árboles. Sobre todo en la época de estiaje.

Las plagas forestales han sido un problema que ha afectado el bosque, pero que se ha resuelto a través de saneamientos forestales. Existen cantidades considerables de muérdago. Se reporta una enfermedad forestal de hongo que causa amarillamiento en las hojas.

La contaminación es otro factor que afecta el parque, Cantoral (1986) desarrollo un interesante trabajo sobre las comunidades liquénicas epífitas en Abies religiosa como indicadoras de contaminación atmosférica, en donde concluye que la contaminación atmosférica es un factor debilitante de los bosques. Por efecto de contaminación por lluvia ácida se detectó un gran deterioro en las principales especies forestales del parque, como lo demuestran Arce y García (1990).

Existe pastoreo dentro del parque, aunque es mínimo, no debería de existir, ya que son terrenos nacionales, que ya fueron indemnizados.

El crecimiento demográfico en la Delegación de Cuajimalpa de Morelos en 49 años ha sido de 1,236.76 % de incremento, es decir, en 1950 existían 9,676 habitantes, para 1990 eran 119,669 (INEGI, 1993: 13).

Dicho aumento tan grande, evidentemente tiene que influenciar negativamente al parque nacional.

Faltan planes de manejo y su aplicación para el parque.

No hay programas de capacitación para el personal del parque.

No existen programas de educación (senderos interpretativos, centro de visitantes, pláticas, etc.) para los visitantes. Ya que éstos últimos solamente utilizan el parque para días de campo, comer en las fondas o restaurantes y para visitar el Exconvento. Y existe una gran concentración de gente solamente en unos pocos lugares.

El nombre de "parque nacional" o "parque cultural y recreativo", debería quedar definido legalmente, ya que el decreto publicado en el Diario Oficial del 19 de diciembre de 1983, mediante el cual se "crea"el parque cultural y recreativo no aclara nada. Y en realidad no crea porque el lugar ya existía conociéndose desde muchas décadas antes como parque nacional, las funciones siguieron siendo las mismas.

La creación del "Parque Cultural y Recreativo" fue una medida de tipo político, para que el Parque Nacional Desierto de Los Leones no pasara administrativamente a la recién creada Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología, pero en realidad no tiene un fundamento técnico, ni legal.

Aspectos Físicos

El polígono del parque nacional se localiza en una entrante de las estribaciones septentrionales de las Sierra del Ajusco, hacia el Noroeste de esta montaña culminante, cerca ya del sistema escabroso conocida con el nombre de las Cruces (Sosa, 1951:31).

El terreno ofrece el aspecto de una cuchara muy inclinada hacia el Norte, en cuyo centro corre el arroyo de San Borja, observándose que en cada lado de éste, el relieve de los plegamientos es muy asentuado (Ibid: 92).

Con base en la carta topográfica de la Comisión de Estudios del Territorio Nacional (1975), de sur a norte encontramos las siguientes elevaciones: La Palma, El Cochinito, San Miguel, Los Hongos, El Caballete, Cruz de Coloxitla (Cualuxipanco), Colorado. La topografía se vuelve más abrupta al Sur de parque, en los Cerros: El Caballete, Los Hongos, San Miguel, El Cochinito y La Palma. También en el sur encontramos las siguientes cañadas: Palomas, San Miguel, El Trozal, Corral de Atlalco, Agua Azul (FVM con base en INEGI).

En general, la rocas que dominan en la zona del desierto, pertenecen al grupo de las neovolcánicas mexicanas; rocas efusivas terciarias y posterciarias, andesitas, especialmente, que surgieron por confusos focos eruptivos que todavía se descubren allí, entre el Cerro de San Miguel (Sosa: 69).

Alcocer y colaboradores (1984) registraron texturas arcillosa-limosa, arenoso-arcillosa y arenoso-limosa con drenaje superficial bueno. Por debajo de los 3,600 m.s.n.m. particularmente en los sitios ocupados por bosque de oyamel (Abies religiosa) se presentan suelos profundos, ricos en materia orgánica y húmedos todo el año. Por encima de este nivel el suelo se torna pedregoso, poco profundo y menos húmedo, involucrando el establecimiento de otro tipo de comunidades como el pastizal y el bosque de Pinus hartwegii (Reyes, 1986: 49).

El parque queda enclavado en la cuenca de captación del Río San Borja y Arroyo Santo Desierto (Melo, 1979: 37).

La cabecera de la red fluvial se inicia con tres corrientes; la principal nace en el cerro de San Miguel a una altura aproximada de 3,700 metros, desciende por la cañada del mismo nombre y, en su trayecto recibe la alimentación permanente de una serie de manantiales que surgen en la alineamiento cerril del Caballete y los Hongos. Las dos corrientes restantes se originan en los Cerros Cruz de Cólica y Xometla a una elevación aproximada de

3,500 metros y respectivamente fluyen por las Cañadas de las Palomas y El Trozal. A diferencia de la corriente anterior, sus fuentes de aportación hídrica funcionan temporalmente (Melo: 38-39).

Estos tres ramales de segundo orden confluyen entre las cotas

3,150 y 3,175 metros formando el eje troncal (tercer orden) del Río San Borja que drena la parte céntrica del parque a través de un valle joven cuya longitud hasta el límite norte rebasa los nueve kilómetros. En su trayecto, este río de régimen permanente recibe el suministro acuífero de numerosos escurrimientos estacionales que provienen de la vertiente oriental y que en la época húmeda aumentan el caudal del río principal, mismo que también es alimentado por algunos afluentes de la vertiente occidental menos eficientes en el abastecimiento del acuífero a excepción de un arroyo perenne que por la cañada Agua Azul corre hasta el sector norte para establecer contacto con el arroyo principal.

Respecto a la angosta vertiente occidental, en principio señalada, su comportamiento se manifiesta de tres formas; la primera que se presenta en el sector meridional del parque es más significativa, dado que forma la cabecera del arroyo Agua de Leones y da origen a manantiales que son la principal fuente acuífera del arroyo cuyo recorrido es aproximadamente de 4.5 Kilómetros. El Desierto de los Leones contaba en 1922 con los siguientes manantiales: "Piletas", "Las Palomas Número 1", "La Llorona", "Achichaco", "Rincón de San Miguel", "El Pretorio o Portería", "San José", "El Monarca", "El Monarquita", "El Otate", "Los Lobos", "La Lomita de los Lobos", "Los Capulines", y "Las Palomas Número 2" (Sosa).

"Piletas. Nace al pie de la Loma de Colica, corre por la Cañada de Piletas, Loma de Achicalco, y por la falda de la Loma de La Lagunilla, atravesando la misma Cañada de Piletas, el llanito del mismo nombre, la Cañadita de Las Palomas, el Llanito de la Majada, el camino del Potrero a Piletas y la vereda de Oyametenco, para caer el vertedero que está en el fondo de la cañada que viene de Piletas. El canal está formado, desde su nacimiento, de canoas chicas en una longitud de 1,820 metros y lo demás en terreno natural. Vierte sus aguas frente al Llanito de La Baraja y es afluente del acueducto del Desierto. En su origen son 25 manantiales y su longitud total, desde su nacimiento es de 3,249 metros.

"Las Palomas Núm 1. Nace en el thalweg que está al pie de la Loma de Colica, donde comienza la Cañadita de las Palomas, formada por la Loma de las Piletas y la del Rincón de Achicaco; corre por la misma cañadita sin atravesar ningún lugar de nombre conocido. Su canal está formado de canoas chicas, desde su nacimiento, en una longitud de 98 metros, y lo demás de terreno natural. Vierte sus aguas en la "Y" griega formada por éste y el de las Piletas, y es afluente del mismo Piletas, frente al llanito de este nombre. En su origen son siete manantiales y su longitud total es de 650 metros.

"La Llorona. Nace al pie del Cerro de San Miguel, frente a la Cueva de la Llorona; corre por la cañada del mismo nombre sin atravesar ningún lugar de nombre conocido; su canal está formado por terreno natural. Vierte sus aguas en el Llanito de Achicaco y es afluente del acueducto de este mismo nombre. En su origen son cuatro manantiales y su longitud total es de 395 metros (Oropeza, Gabriel M. 1912; citado por Sosa, 1952: 98).

"Achicalco. Nace en el Llano de Achicalco, corre por la cañada del mismo nombre y la que la forma la Loma de San Miguel, el Llano Largo y el Llanito de Chichitas, atravesando también el Llano de Achichaco y el camino que conduce del Potrero a Piletas. Su canal está formado en el terreno natural. Vierte sus aguas frente al llanito del Zorrillo que esta al pie de Tezuitepec, y es afluente del acueducto de Piletas. En su origen son 21 manantiales y su longitud es de 3,537 metros (Ibid: 98-99).

"Rincón de San Miguel. Nace al pie del Cerro de San Miguel y corre por la cañada que forma la loma de San Miguel, la del Caballete y el Llanito de los Ailes, atravesando el Llanito de los Ailes, así como también el camino que conduce del Potrero a Piletas. Su canal está formado en terreno natural. Vierte sus aguas al Llanito de la Baraja y es afluente del Acueducto de Piletas. En su origen son 60 manantiales y su longitud es de 2,670 metros.

"El Pretorio o Portería. Nace al pie del Cerro del Pretorio, forma dos canales, une que corre por la cañadita que pasa junto a la cerca que baja del Cerro del Pretorio (Champilatos) y el otro por la del Rincón del Monarca, junto a la Lomita de la Portería, atravesando la vereda que pasa por el Llanito de Los Ailes y que conduce del potrero a Piletas. Su canal esta formado en el terreno natural. Vierte sus aguas cerca del Arco y es afluente del acueducto de Piletas. En su origen son 27 manantiales y su longitud es de 1,637 metros (Ibid: 99).

"San José. Nace en el Rincón del Monarca; corre por el zacatonal del mismo nombre, atravesando la vereda que conduce al Rincón de San Miguel, el camino del Potrero a Piletas y el bosque Sordo. Su canal está formado en terreno natural. Vierte sus aguas abajo del Arco y es afluente del acueducto del desierto. En su origen son 12 manantiales y su longitud es de 1,579 metros.

"El Monarca. Nace al pie de la Loma de El Monarca; corre por la cañadita formada en la misma loma y atraviesa el camino del Potrero a Piletas y el bosque Sordo. Su canal esta formado en terreno natural. Vierte sus aguas frente al Llanito del repartidor y es afluente del Acueducto del Desierto. En su origen son 43 manantiales y su longitud es de 2,020 metros.

"El Monarquita. Nace también al pie de la Loma del Monarca; corre por el llanito del mismo nombre, atravesando el camino del Potrero a Piletas. Su canal está formado en el terreno natural. Vierte sus aguas en el bosque Sordo y es afluente del Acueducto del Monarca. En su origen son tres manantiales y su longitud es de 907 metros.

"El Otate. Nace al pie del Cerro Pretorio, corre por la Cañada de los Lobos y junto al Llanito de los Candeleros, atravesando el zacatonal del mismo nombre. Su canal está formado en el terreno natural y es afluente en el lugar donde termina el Llanito de los candeleros al cauce del Manantial de Los Lobos. En su origen son 58 manantiales y su longitud es de 1,024 metros.

"Los Lobos. Nace frente a la Cueva de Los Lobos, que está al pie del Cerro del Pretorio; corre por la Cañada del Rincón de los Lobos, atravesando el camino del Potrero a Piletas y el bosque Sordo. Su canal está formado en el terreno natural. Vierte sus aguas en la taza repartidora y es afluente del Acueducto del Desierto. En su origen son nueve manantiales y su longitud es de 2,010 metros.

"La Lomita de los Lobos. Nace en la lomita de ese nombre; corre por la falda de la misma, atravesando el Rincón de los Lobos y la vereda del mismo nombre. Su canal está formado por el terreno natural. Vierte sus aguas frente a un llanito sin nombre, que está arriba del potrero y es afluente del canal del agua del Rincón de Capulines. En su origen son 22 manantiales y su longitud es de 1,071 metros (Ibid: 100).

"Los Capulines. Nace en el Rincón de Capulines al pie de la Loma de Ixtlahuatongo; corre por el mismo Rincón de Capulines y junto al llanito sin nombre que está un poco arriba del Potrero, atravesando la vereda del Rincón de Los Lobos, el camino del Potrero a Piletas y el bosque Sordo. Su canal está formado en el terreno natural. Vierte sus aguas en la taza repartidora y es afluente del Acueducto del Desierto. En su origen son 10 manantiales y su longitud es de 1,569 metros.

"Las Palomas Núm 2. Nace en la falda de la Loma de Ixtlahuatonco; corre por un túnel de 25 metros de longitud, que se llama Túnel de las Palomas, y por abajo del camino de Cruz Blanca al Potrero, en sentido perpendicular, atravesando naturalmente este camino. Su canal está formado de tierra en los 25 metros que tiene el túnel y 145 metros de canoas chicas. Vierte sus aguas en el vertedero que también se conoce con el mismo nombre de Las Palomas, y es afluente del Acueducto del Desierto, bajo la taza repartidora. En su origen es un manantial y su longitud es de 170 metros.

"Reunida el agua de todos los manantiales que anteceden se forma el Acueducto del Desierto, que tiene una longitud de 4 409 metros desde la taza repartidora, hasta la reposadera de Tres Cruces. En el mes de noviembre del año de 1922, cuando faltó agua a la capital, se surtió en su mayor parte de los manantiales del Desierto de los Leones" (Ibid: 101).

En resumen, todos estos manantiales tienen su origen a lo largo de la cañada que baja de Sur a Norte, desde los elevados Cerros de San Miguel, los Hongos y Colica. Limitan por el poniente a dicha cañada los Cerros del Pretorio, Ixtlahuatonco y Santo Domingo, mientras que por el Oriente se levantan los Cerros de Temamatla, Atlapanco y Tezuitepec. Todos ellos son grandes eminencias enlazadas entre sí y revestidas por espesos bosques. El Acueducto del desierto capta todos esos manantiales uniéndose más abajo, ya fuera de los límites del parque, con el Acueducto de los Leones que viene desde el Suroeste, es una zona donde destacan los Cerros Ecazecapa y Tierras Prietas. Había otro acueducto, el de los Gavilanes que comenzaba en las cercanías del Cerro Central, bajando hacia el norte para llegar hasta el viejo monasterio (Sosa: 101-102).

De gran importancia han sido todos estos manantiales para la existencia de la Ciudad de México. Desde el punto de vista hidrológico es una zona privilegiada la del Desierto de los Leones, especialmente la cañada mencionada, profundo thalweg boscoso y húmedo que asciende rápidamente hasta llegar a la Cruz de Colica en los límites meridionales del parque (Ibid: 102).

La cuenca enclavada en el Desierto, por su forma alargada, la influencia del relieve, la interacción de la cubierta vegetal, y el desarrollo edáfico, regulan la dinámica fluvial, amortiguando la incidencia de fenómenos pluviales que en esta zona resultan especialmente activos. Así, el parque de hecho está exento de sufrir perjudiciales inundaciones por desbordamientos directos de sus cauces, según lo establece su índice de compacidad (Melo: 39).

Cuando loa aztecas se percataron de la necesidad de surtir con agua potable a su capital, acudieron a los manantiales de Chapultepec; y como 55 años más tarde después de fundada la metrópoli española, el Virrey Enríquez hizo llegar a México el caudal de los manantiales de Santa Fe, en el año del Señor de 1576. Para este fin, y en virtud de que el ojo de agua y los terrenos de Santa Fe pertenecían a la Ciudad de Valladolid, hoy Morelia, el Cabildo de la Ciudad de México compró a ésta sus derechos en la cantidad de $6,000, adquiriendo así el manantial que se encuentra a 166 metros de altura sobre el nivel del Zócalo y con él una buena provisión más del agua que requería la naciente urbe. Al correr de los siglos la capital siguió creciendo y fué preciso en el año de 1876 traer el agua del Desierto de los Leones utilizando para ello los manantiales que allí se encuentran a una altura de 1,280 y 1,332 metros sobre el nivel del atrio de la Catedral (Cossío, José Lorenzo; citado por Sosa: 102).

Con base en el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (1993: 8) tenemos dos tipos de clima: En la mayor parte del parque nacional, Norte y centro, se encuentra el clima semifrío subhúmedo c (E) (w), con lluvias en verano. En la porción Sur del parque se encuentra el clima semifrío húmedo

C (E) (m) con abundantes lluvias en verano. Con base en INEGI (op. cit.: 9) pasan dos isotermas, una en la porción Norte de 10C y otra en la porción centro-Sur de 8C. Pasa una isoterma en la porción Sur del parque de 1,500 mm (FVM).

En el parque se establecen ocho ambientes climáticos que van desde el fresco subhúmedo hasta el muy frío subhúmedo.

El carácter benigno de estos ambientes decrece progresivamente de Norte a Sur conforme el relieve adquiere potencia y elevación, y los vientos dominantes fluyen por los valles desplazando masas de aire (Melo: 59).

Aspectos Biológicos

El establecimiento del monasterio de los Carmelitas Descalzos en este monte, en los albores del siglo XVII, vino a determinar, originalmente, la protección de los arbolados existentes en este mismo predio; protección que mucho tiempo después, hacia las postrimerías del siglo XVIII, comenzó a preocupar al gobierno de la ciudad de México, cuando se presentó la necesidad de aprovechar los manantiales del Desierto. Gracias a tales circunstancias, logró salvarse este monte de una destruc-ción que hubiera resultado inevitable en otras condiciones. El 22 de enero de 1918, sopló sobre el bosque del Desierto un viento huracanado que abatió aproximadamente 200,000 árboles de todos tamaños, desnudando completamente las crestas de los montes Santa Rosa y Coloxtitla (Sosa: 33)

En el parque se presentan diferencias altitudinales de más de 1,000 metros, permitiéndose la aparición de distintas comunidades vegetales. Predominante es el bosque de coníferas representado por comunidades de Abies religiosa puras o mezcladas y de Pinus hartwegii. La primera comunidad se establece desde los 2,600 metros de altitud y se caracteriza por tener suelos profundos y húmedos. En los estratos medio y bajo están bien representadas las especies Garrya laurifolia, Alnus firmifolia, Salix spp., Senecio angulifolius y S. barba-johanis en el primero. En el segundo, principalmente: Acaena alongata, Siegesbeckia jorullensis, Alchemilla procumbens, Salvia spp. y Symphoricarpos microphyllus. La comunidad de Pinus hartwegii se establece a partir de los 3,600 m.s.n.m. sobre suelos menos húmedos y pedregosos carac-teriza- dos por exhibir masas arbóreas prácticamente puras de esta especie y por presentar un estrato bajo muy bien representado: Muhlenbergia spp., Festuca spp., Calamagrostis toluncensis, Lupinus spp. y Penstemon gentianoides, frecuentemente se observan arbustos como Senecio cinerarioides y S, salignus. También en las partes altas, entre los 3,700 metros y el techo altitudinal son distinguibles pequeños manchones de pastizal, dominados por Muhlenbergia macorura y Festuca tolucensis, hacia la parte Sur del parque son distinguibles pequeños manchones de Quercus spp. (Fryermuth, Sosa, INIF-1983. Alcocer; citados por Reyes: 15).

El venado salvaje es el soberano indiscutido de estos bosques (Erskine, 1840, citado por Valdés, 1983: 116).

Fueron detectados por rastros u observaciones tres especies de mamíferos: Sciurus aureogaster, Odocoiles virginianus y Bassariscus astutus, también se han reportado ; tlacuache (Dideplphis marsupialis), conejo (Sylvilagus floridans), tuza (Papogeomis merriami), mapache (Procyon lotor), coyote (Canis latrans), zorra gris (Urocyon cineroargentesus). En relación a las aves: Cyanocitta stellari y Tardus migratirtus constituyeron las especies mayormente representadas.

Por las características particulares que ofrece el Parque Desierto de los Leones, como una cubierta de sotobosque muy densa la cual, proporciona alimento, resguardo y protección, cuerpos de agua disponibles durante todo el año, u relativo amparo contra la caza furtiva, por mencionar algunos factores,, ha sido uno de los últimos recintos naturales donde se conserva una población importante del venado cola blanca en el Valle de México. De hecho, Ceballos y Galindo (1984) escriben que es la población más numerosa que resta en la Sierra del Ajusco. En el Desierto de los Leones se han hecho estimaciones sobre la densidad de esta especie, para 1980, en otoño, se calcularon 30.2 venados/km2 (Arrechea et. al. 1980), en la primavera de 1981 se obtuvo 12.0 venados/km2 (Alatorre et. al. 1981), y para verano del mismo año se estimaron 12.8 venados/km2 (Dorantes et. al. 1981) Mandujano y Hernández (1990: 351).

Un depredador que consideramos el más importante en este parque, es el perro feral Canis familiaris. Se tienen evidencias en otros lados (Hosley, 1969; Owen, 1977; De Anda, 1986), que esta especie puede causar bajas considerables en las poblaciones de venados, principalmente, de aquellas que están cerca de asentamientos humanos. El número de perros ha ido en aumento en el parque (Hernández et.al., en prensa), incluso se han observado perros persiguiendo venados (Ibid: 356).

Un factor que consideramos más importante al respecto es la caza furtiva, pese a la constante vigilancia, esta actividad ilegal se realiza durante todo el año, principalmente, en las zonas del parque inaccesibles a la vigilancia, como son las partes más altas y los límites administrativos del mismo; es presumible que sean cazados animales de ambos sexos y de todas las edades, sin embargo, se desconoce la magnitud de dicha actividad sobre la población (Ibid: 357).

Otra causa que pensamos tuvo un impacto muy grande fue el efecto negativo sobre la población producido por el estres a la que fue sometida, debido al gran movimiento de gente y maquinaria (motosierras, camiones de carga, buldozer) usados durante el saneamiento forestal realizado de octubre a diciembre de 1985; este período coincidió con la época de crianza del venado, pues los cervatillos nacen entre los meses de junio a agosto en la Sierra del Ajusco (Aranda et. al. 1980), por lo que la vulnerabilidad de los jóvenes es alta, disminuyendo aún más sus posibilidades de éxito debido a todas las acciones humanas hechas en dicho lapso (Ibid: 357-358).

De verano a primavera, después de un abrupto crecimiento y decremento durante el otoño e invierno, la población tiende a estabilizarse entre un rango de 12 a 15 venados/km2 (a excepción de la estimación de primavera de 1986 posterior a la perturbación) (Ibid: 359).

Demografía

Dentro del parque nacional no se encuentran asentamientos humanos. En la zona aledaña se encuentran cinco poblaciones con 16881 habitantes: Santa Rosa Xochiac 5,307, San Mateo Tlaltenango 1,708, Cuajimalpa 3,245, San Lorenzo Acopilco 6,621 y El Contadero (FVM con base en INEGI). El crecimiento demográfico en la Delegación de Cuajimalpa de Morelos en 49 años ha sido de 1,236.76 % de incremento, es decir, en 1950 existían 9,676 habitantes, para 1990 eran 119,669 (INEGI,1993: 13). Dicho aumento tan grande, evidentemente tiene que influenciar al parque nacional.

Aspectos Culturales

Ermitaño o eremita viene de eremo, desierto, el que vive en el desierto.

La Orden religiosa de los carmelitas descalzos, empeñada en remontar su fundación más allá de la de cualquier otra Orden mendicante, precediéndolas en tiempo y por consecuencia en fueros, decía descender del profeta Elías, quien al pasar 40 días en el Monte Horeb, perseguido por Jezabel, había enseñado esta manera de vida solitaria en medio del desierto.

En el siglo III d. C. el mundo antiguo o clásico era ya viejo y enfermo, y sus achaques se manifestaban en la descomposición social, la pobreza de grandes capas de población y las persecuciones políticas y religiosas. Un joven egipcio llamado Pablo, cristiano de religión, huyendo de la persecución del emperador Decio se refugio en el desierto. Pronto lo imitaron otros y la miseria y la injusticia hicieron lo demás. El desierto, medio hostil a la vida de grupos y sociedades era, por el contrario, el mejor abrigo para los solitarios (Báez, 1981: 11).

Después de los camadulensis llegamos a los Yermos o Desiertos carmelitas. Dice la crónica que desde 1209 San Alberto dio las primeras reglas a los ermitaños que habitaban en el Monte Carmelo y que les hizo convento común donde estaba el oratorio, las oficinas y, alrededor y en competente distancia, las celdas apartadas.

En el siglo XVI, finalmente, maduró esta idea de fomentar la vida eremítica dentro de los conventos, correspondiendo a Fray Tomás de Jesús, lector de teología en Sevilla, promover todo lo necesario para obtener las reales autorizaciones y así poder fundar los primeros Desiertos. Entre las reglas que propuso para regirlos estaban la oración de día y de noche, el silencio riguroso dentro y fuera de la casa, la frugalidad en la comida, la abstracción de seglares y que la casa del yermo se ajustase con el espíritu de la regla, fabricando en medio del sitio que se escogiese un monasterio para vida cenobítica y alrededor, en sitios competentes, ermitas para los anacoretas de mayor oración, silencio, retiro y penitencia (Báez: 12).

El primer convento-yermo que los carmelitas erigieron fue el de Bolarque, en Castilla la Nueva, entre Pastrana y Buendía, a orillas del tajo. La primera iglesia se concluyó en 1592, pero era muy pobre y se rehízo en 1619. Esparcidas en el monte tenía 15 ermitas. La segunda casa de esta clase se fundó en 1598, en Andalucia, bajo la advocación de Nuestra Señora de las Nieves, en la serranía rondeña. Existían en este lugar una ermita con la imagen de la Virgen con la sierra nevada sirviéndole de fondo y varios ermitaños que al fundarse la casa tomaron el hábito de legos.

Y en 1599 fundaron la tercera casa, en Castilla la Vieja, junto a un estanque que llenaban las aguas del río Batuecas, trece leguas distante de Salamanca y ocho de ciudad Rodrigo. Este es particularmente interesante para nosotros, pues dicen las crónicas que sirvió como modelo al de Cuajimalpa de Nueva España, que fue el siguiente que fundaron.

El padre Antonio de Yepes, historiador benedictino, dejó una descripción interesantísima de Batuecas, al comparar los Desiertos carmelitas con los camaldulenses. Habla de un muro exterior cuya puerta daba acceso a un gran espacio que terminaba en un segundo muro que era a la vez el lienzo del claustro principal, en cuyos cuatro lados se ubicaban las 24 celdas separadas entre si por los jardincillos (Ibid: 12-13).

El refectorio quedaba separado, lo mismo que otras oficinas a las que había que llegar por una calzada flanqueda por árboles. En el monte entre peñas y quiebres de la montaña, tenía 16 ermitas (Ibid: 13).

Se fue así definiendo una nueva planta de convento capaz de combinar las dos formas de vida del monacato: la eremítica que se practica en apartada soledad y la cenobítica que implica la participación y obediencia en una comunidad. Y si de algo podían ufanarse los carmelitas en México era el haber tenido en sus claustros al arquitecto y tratadista más notable del siglo XVII en la colonia, fray Andrés de San Miguel (Ibid: 13-14).

Los carmelitas descalzos llegaron a la Nueva España en el año de 1585.. y principiaron a fundar sus primeros conventos en el orden siguiente: San Sebastián de México (1586), Nuestra Señora de los Remedios en Puebla (1586), Nuestra Señora de Atlixco (1589), Nuestra Señora de la Soledad en Valladolid (1593), Nuestra Señora de la Concepción en Guadalajara (1593) y Nuestra Señora del Carmen en Celaya (1597). Durante los primeros años dependieron de la provincia de Andalucia, pero en 1590 se constituyeron como provincia independiente con el nombre de San Alberto, siendo su primer provincial fray Eliseo de los Mártires, quien arribó a la colonia en 1595 (Ibid: 15).

El marqués de Montesclaros, virrey de la Nueva España, les hizo merced de todo el monte mandando al oidor Juan de Quesada les diera formal posesión el 16 de diciembre de 1604. La primera misa se dijo el 25 de enero de 1605, a pleno frío y en una modesta choza habilitada para capilla (Báez: 18).

Dieron principio a la fábrica el 23 de enero de 1606, poniendo el marqués de Montesclaros la primera piedra en medio del testero de la capilla mayor, con una caja de plomo que contenía monedas de oro y plata y un pergamino escrito con los nombres de Clemente VIII, Felipe III, el arzobispo fray García de Mendoza, el provincial fray Martín de la Madre de Dios y los del virrey y el general de la Orden. Fray Andrés de San Miguel trazó la planta, labró la fábrica y las ermitas y sendereó los bosques.

El 12 de julio de 1612 dieron principio los ejercicios conventuales, lo que indica que el conjunto estaría totalmente terminado con todas sus ermitas. El monasterio quedo encerrado, como un hortus conclusus, dentro de una barda de nueve mil varas de perímetro que en gran parte subsiste y que no se interrumpía sino en aquellos tramos en que peñascos y barrancos por si mismos comstituían pasos infranqueables a los extraños. Solamente este muro y las ermitas quedan actualmente de la primera construcción, porque la parte del convento se rehízo a principios del siglo XVIII. Componíase el primer convento de claustro, portería e iglesia cubierta de tijera y emplomado (Ibid: 19).

Con el tiempo se fue averiando la fábrica, sobre todo por los incendios y los temblores. Ya en 1685 hay noticias de un maestro Diego de la Sierra que declaraba haber hechado la media tijera y para 1711 los daños eran tan serios que los religiosos decidieron consultar con un arquitecto sobre el estado del edificio. Toda una parte estaba desplomada y cuando menos la mitad restante en condiciones no mucho mejores (Ibid: 19-20).

Considerando que repararlo por partes costaría tanto como hacer otro nuevo optaron por llamar a Miguel de Rivera, que ya había trabajado para ellos en los conventos de Toluca y San Joaquín de México. Siguiendo sus consejos, los frailes acordaron demolerlo y tras algunas vacilaciones sobre si convenía o no mudarlo de sitio decidieron fabricarlo nuevo pero en los mismos montes. El 27 de enero de 1722 abrieron los cimientos para la nueva fábrica bendiciéndolos con un Santo Cristo que llevaron en procesión desde el oratorio antiguo hasta el cimiento del sagrario del nuevo altar mayor, diciéndose a continuación una misa que ofició el prior ataviado con capa pluvial el día 9 de febrero.. La traza y el principio de la construcción se hicieron bajo la dirección de Rivera, el arquitecto del colegio de las Vizcaínas, pero siendo muy ocupado -llegó a ser administrador del Estado del Marquesado del Valle- la dejó pronto viniendo a continuarla por poco tiempo Manuel de Herrera, que la dejó "poco más que en mantillas", y a concluirla José Antonio de Roa, quien había trabajado como sobrestante de los anteriores. Este es el monasterio que ha llegado hasta nosotros, sobreponiéndose al abandono (Ibid: 20).

En la huerta, bastante grande, está la cámara del secreto, curiosa construcción que tiene la particularidad de trasmitir el sonido de un ángulo a otro, siguiendo la elipse de la bóveda (Báez: 21).

Las ermitas constituyeron la mejor supervivencia de la vida eremítica de los primeros padres del desierto; superan las celdas en cuanto a que son autosuficientes al disponer de servicios propios como la huertecilla, la cocinilla y el oratorio (Ibid: 22).

Las crónicas mencionan diez ermitas: El Calvario, San Juan Bautista, Oración del Huerto o Getsemaní, San Alberto, Santa Teresa de Jesús, Santa María Magdalena, Santa Bibiana, la Soledad, San José y San Juan de la Cruz. Ahora se localizan solamente nueve, pues creo que la de Santa Bibiana desapareció para hacer lugar a la segunda iglesia y sus dependencias en 1772. Otra que es la de San Juan de la Cruz, está destruida y su masa de mampostería yace a un lado de la carretera. De las ocho restantes, las cinco siguientes conservan en clave del dintel sus nombres, el año de fundación y el nombre de los benefactores:

De esta Hermita/ nuestro padre San Alberto / es Patrón y Fundador Francisco Hernández / de la Higuera / año de 1610.

De esta Hermita / de la Soledad son los / Patrones y Fundadores / los señores Oidor Juan de Quesada de Figueroa / y doña Isabel de Bañellos su mujer. Año 1609.

De esta Hermita de / Santa María Magdalena / es patrón y Fundador / el tesorero Luis Núñez / Pérez. Año de...

De esta Hermita de San Juan / Bautista es patrón / y Fundador / Juan de Saldivar / Año de 16..

De esta Hermita / de Getsemani / es patrón y Fundador el capitán García de Quadros / Año 1608.

A las de Santa Teresa y del Calvario les han cambiado de nombre, no se por que razón, y ahora les llaman de San Elías y de la Trinidad (Ibid: 22-23).

Fuera del muro, hacia el Suroeste, alejada unos dos kilómetros y en el monte más alto, emprendieron los carmelitas una capilla, allá por el año de 1722, que terminaron en 1728 y dedicaron al señor San Miguel. Quien guste de los simbolismos puede ver en ella una atalaya desde la que el guerrero arcángel protegía la comunidad. Para los pueblos vecinos significaría la molesta señal del límite de las extensas propiedades de los frailes. Era una capilla de planta octagonal y cubierta de tejamanil, con su altar de mampostería que en parte subsiste. Adquiere verdadero sentido aquí la interpretación de las plantas en octágono como un enlace entre lo terrenal y lo celeste, pues a la altura en que está la ermita y por la naturaleza del arcángel parece un punto en que se tocan la tierra y el cielo. Aducían los religiosos otro motivo para su ermita, que era el haberla hecho para santificar el lugar que llamaban cerro de los ídolos, por haber encontrado en él laja y tezontle de un templo prehispánico con cuchillas de pedernal e idolillos (Ibid: 23-24).

Cuando se rehízo el monasterio en 1722 se puso bajo la protección del señor San Miguel, por voluntad del provincial fray Pedro del Espíritu Santo, que llegaba impresionado de una visita al santuario de San Miguel del Milagro en Tlaxcala. La razón por la que se hizo costumbre llamarle Desierto de los Leones puede decirse a cualquiera de estas dos causas: la existencia de tigrillos que paulatinamente se han ido extinguiendo, o por el apellido León que ostentaran algunos ensayadores de la Casa de Moneda (Báez: 24).

Después de habitar por casi dos siglos el Desierto de Cuajimalpa los carmelitas se cansaron del sitio y quisieron trasladarse a otro lugar más alejado, construyendo un edificio nuevo. En el capítulo provincial de 1780 se decidió el traslado, escogiéndose para nuevo asiento los montes de Nixcongo. Entre las razones expuestas por los frailes para justificar el traslado, decían que el de Cuajimalpa no servía ya para los fines eremíticos, porque a despecho de la barda y de las excomuniones, los indios de los pueblos vecinos lo allanaban tranquilamente, perturbando a sus moradores. Los carmelitas ofrecían al Real Gobierno hacerle cesión de todo el Yermo de Cuajimalpa, con todo y construcción, a cambio de la licencia y de alguna ayuda económica. Y ciertamente no era poco lo que ofrecían, porque de acuerdo con un avalúo practicado por el ingeniero militar Miguel Costansó, tan sólo el terreno y la cerca pasaban de $47,200, sin entrar en esta cuenta la madera del bosque ni el monasterio. Los religiosos hacían notar lo ventajoso que sería para el gobierno tener una reserva tan grande de madera cerca de la fábrica de pólvora que se construía en Santa Fe.

Pero el fiscal de Real Hacienda, que algo sabía de los pleitos originados en 1605 con motivo de la fundación, exigió como un requisito que los frailes exhibieran sus títulos para acreditar su capacidad de enajenar el inmueble (Ibid: 25).

Y entonces volvieron a suscitarse pleitos. Los marqueses del Valle intervinieron argumentando que el sitio debía reintegrarse al marquesado, porque habiéndose verificado la primera cesión en contraversión del mayorazgo constituido sobre los bienes del Estado, al dejar el lugar los religiosos tenía que operar el derecho de reversión y por ende volver los bienes al patrimonio de los herederos de Cortés. El litigio retrasó la expedición de la Cédula Real esperada por los carmelitas, pero si los marqueses del Valle no lo habían ganado la primera vez menos lo ganarían la segunda, y la dicha revisión operó pero en favor del Real Gobierno, que se quedo con el Yermo.

Basándose en las medidas proporcionadas por Costansó, el desierto de Cuajimalpa había alcanzado una área de una y media leguas cuadradas (Ibid: 26).

En la visión de los Yermos se transparentan los conceptos de naturaleza y jardín, y en cuanto que son espacios cerrados por un muro evocan la idea del hortus conclusus y el jardín edénico. En efecto, los Santos Desiertos parecen situarse al final de la larga evolución del mito sostenido en varias religiones sobre un Edén o supuesto paraíso. Para el cristianismo ese recuerdo comporta el remordimiento de haberlo perdido por el pecado, de donde el hombre habrá de intentar constantemente una reconciliación con la naturaleza, imagen de ese jardín, como una fórmula homeopática para recuperar el paraíso, bien sea santificándola con el tema de Cristo que se aparece en un vergel a la Magdalena, o bien reduciéndola a la arquitectura de un monasterio, como los yermos, que al fin y al cabo todos los conventos son imágenes del cielo.. El paraíso o jardín edénico es representado como un espacio cerrado y circular (Báez: 31).

El muro que rodea esta clase de conventos - cuando menos los de la Nueva España- cumple con la función de impedir a los seglares el entrar en ese espacio reservado a los carmelitas, que son orden contemplativa; pero bajo esta razón más bien formal subsiste el símbolo del muro que separa la naturaleza ideal y edénica, reservada solamente a ciertas clases, del mundo exterior de los hombres. En otros idiomas, como en garden o garten, el jardín permanece relacionado con clausura o guarda (Ibid: 32).

El jardín cuidadosamente cultivado, con sus árboles frutales, sus avecillas, su tapete de flores y la fuentecilla que simboliza la vida, como se ve en las pinturas relativas al jardín de la Virgen, tiene su eco en los jardines tan esmeradamente cuidados como el de Cuajimalpa, con sus anagramas de tomillo y florecillas, y no es casualidad que este ejercicio de la jardinería y por añadidura el de la horticultura fueran los carmelitas la Orden más acreditada y que su gran tratadista Andrés de San Miguel hubiera dedicado el último capítulo de su obra al cultivo de los duraznos priscos y melocotones (Ibid: 33).

El solitario que recorre los senderos del bosque para extasiarse en las cumbres elevadas, aspirando el aire húmedo mientras contempla el sol brillante que cambia los tonos en el interminable alfombrado de pinos, o el que entiende el lenguaje del agua en el correr de los arroyos y en el ruido de las gotas que caen de las tejas de barro en los días de la lluvia, llegan a confundirse con la naturaleza en una especie de arrobamiento que los hermana con aquel Sidartha de tierras indostánicas que escuchando un río comprendió el misterio insondable de la inexistencia del tiempo (Ibid: 36).

Un débil eco de estas alabanzas a la naturaleza queda en los libros sobre la fundación del Santo Desierto de Cuajimalpa, como este párrafo que se encuentra en una dedicatoria a la Virgen del Carmen:

Y no es extraño que este Santo Desierto... haya logrado tan felices incrementos teniendoos por particular patrona, pues paseáis con tanto gusto y alegría las breñas y quebradas de los desiertos, que aún vuestro dulcísimo hijo y amantísimo dueño parece que se admira de ver los resplandores de hermosura que vais derramando por su dilatadas soledades.

En las relaciones de la fundación del yermo se pueden leer estos otros párrafos de religiosa admiración por la naturaleza:

...estaba cercado de montes muy altos y lleno de árboles muy encumbrados, guayameles, pinos, ayacotes, madroños, encimas, alizos, laureles y de otros muchos árboles y flores... Bañábale el sol y los aires... El canto de los pájaros, las quebradas, la arboleda, los montes y la soledad, todo ello parece que convidaba a alabar a Dios a devoción y a oración...

Fray Agustín de la Madre de Dios, en su crónica, fija su atención en los animalillos, como cuando habla de los venados y los tímidos conejuelos:

...concurren a las tardes y mañanas de todos aquellos montes donde parece que los junta Dios para la alegría de los ermitaños... están tan domesticados estos animalillos que se vienen a la mano cuando les dan de comer, porque parece conocen el hábito de la Virgen... (Báez:41).

Se diría que todo monasterio es casa de meditación, pero en ninguno como en los Santos Desiertos puede el alma, dentro de su vallado huerto, recogerse en sí misma y en trance de contemplación abrasarse de amor con el divino Esposo (Ibid: 42).

El nombre de "Desierto" se debe a la Orden de los Carmelitas Descalzos, dado que eran verdaderos ascetas, enemigos del mundo y de la carne, que trataban de encontrar la felicidad terrenal lejos de sus semejantes, en contacto solamente con la naturaleza. El nombre de "Los Leones" proviene acaso por la gran cantidad de fieras que habitaban en él, o bien a causa de un largo y enojoso litigio sostenido por dos hermanos de apellido Léon en contra del antiguo cacique de Coyoacán, Patiño de Ixtolinque que disputaba la posesión de este bosque (Sosa).

En 1604, Fray Juan de Jesús María y el provincial Fray Martín, acompañados por un indígena de la región; un adolescente del pueblo de San Mateo Tlaltenango, llamado Juan bautista, apareció milagrosamente ante aquellos santos varones para indicarles la presencia de un manantial cercano, a cuyo amparo podrían edificar su morada.

El 1 de enero de 1605, tomaron posesión los Carmelitas de este monte, por merced que hizo a su favor el Excelentísimo señor don Juan de Mendoza y Luna, marqués de Montes Claros, décimo Virrey de la Nueva España. El Oidor de la Real Audiencia, don Juan de Quesada fue el encargado de ponerlos en posesión del Desierto. Fray Juan de Jesús María, Fray José de la Anunciación, Fray Antonio de la Ascensión y Fray Andrés de San Miguel, representaron a la Orden Carmelitana para recibir el monte (Ibid).

La primera misa que celebraron los Carmelitas en ese lugar fue el 25 de enero de 1605. Hermosísimo sitio escogieron los frailes carmelitas para levantar su monasterio y dedicarse a la contemplación espiritual y al ejercicio de sus creencias. El 22 de enero de 1606 puso la primera piedra de este monasterio el excelentísimo señor Virrey don Juan de Mendoza, Marqués de Montesclaros, y la construcción se hizo a las expensas del mercader de la plata don Melchor de Cuellar, quien profesó singular afecto a los frailes de esta Orden. La edificación la dirigió el eminente alarife Fray Andrés de San Miguel. En 1611 se termino medianamente. El primer prior del convento fue Fray Pedro de Hilarión. El cronista de la Orden fue Fray Agustín de la Madre de Dios. El Latinista fue Fray Rodrigo de San Bernando. Además erigieron 10 Capillas o Ermitas: Santa Teresa, San Juan, La Magdalena, San Alberto, Jesús, El Calvario, La Soledad, San José, Santa Bibiana y San Miguel (Ibid).

Por Cédula Real de 18 de noviembre de 1803 se había declarado que los manantiales que existen en el Desierto, se consideraran, a partir de esa fecha, de la exclusiva propiedad del vecindario de la Ciudad de México; manantiales que se encontraban destinados a este uso, para la sedienta población de la capital mexicana desde el año de 1786.

En 1814 los carmelitas posiblemente temerosos ante los acontecimientos de la guerra de Independencia, abandonaron el convento; entonces la Provincia de San Alberto de Carmelitas Descalzos cedió al gobier-no de la Ciudad de México todo lo que sus hermanos dejaban en el Desierto de los Leones. De esta época datan la ruina, el saqueo y la destrucción de tan notable joya. Cuando los carmelitas cedieron el Desierto a la Ciudad de México, el gobierno Provin-cial de México (hoy Estado de México) en cuya jurisdicción se encontraba el primer recinto de los carmelitas, protestó por la cesión; la causa de que no procediera se debe a que por Cédula Real del 18 de noviembre de 1803 se había declarado que los manantiales que existen en el monte del Desierto, se considerarían, a partir de esa fecha de la exclusiva propiedad de la Ciudad de México (Ibid).

En 1828 el gobierno de la República repartió entre los pueblos de Santa Rosa Xochiac, San Bernabé Ocotepec y San Bar-tolomé Ameyalco, la tercera parte de los montes del monasterio. En 1845 so pretexto de instalar una fábrica de vidrio, que más tarde resulto ser una fábrica de monedas falsas; fue destruida parcialmente la capilla principal, posteriormente fue destinada por el gobierno de la república como campo de maniobras y lugar de acuartelamiento del Cuerpo Nacional de Artillería. En 1847 el Desierto fue testigo de los enfrentamientos contra los invasores norteamericanos, quedando abandonado el convento (Ibid).

En 1853 al restituirse el bosque al dominio de la república, Juan Burnand, de nacionalidad inglesa, ganó en subasta pública el monte del desierto, como postor al contrato de arrendamiento y perdió la completa adjudicación de las ruinas del convento y de la totalidad del monte. En 1856 al ponerse en vigor la Ley de Desamortización de Bienes Eclesiásticos, Burnand intentó adjudicarse el predio, a lo que acabó por oponerse el Ayuntamiento. Burnand valiéndose de influencias, consiguió que el gobierno federal dictara una orden suprema que le adjudicó el monte del Desierto, las ruinas del monasterio y dos "fajas de agua delgada" todo ello por la cantidad de $5,000 pesos. El ayuntamiento consiguió que en las escrituras de adjudicación, se estipulase terminantemente que con el fin de garantizar la existencia de los manantiales, quedaba prohibida la tala de árboles en toda la superficie del bosque, así como la introducción de ganado; Burnand también burló esto (Ibid).

En 1857 se volvió a reavivar el pleito por la posesión del Desierto ante los tribunales mexicanos, en nombre de los descendientes de José Patiño de Ixtolinque; tanta importancia llegó a adquirir este asunto que más tarde fue impreso bajo el nombre de "Causa Célebre del Desierto Nuevo de los Carmelitas", 1857, México, Imprenta de Vicente Segura. Los licenciados Ponciano Arriaga y Juan M. Caraveo, representando a la señora Cecilia Carriozola y a sus hijos Juan, Pedro, Tránsito y José Patiño Ixtolinque. Pero volvieron a fracasar estas últimas gestiones.

En 1859 el General Miguel Miramón, como Presidente de México, dictó la Ley del 12 de febrero de 1859, por la cual declaró nula la venta del monte del Desierto. Burnand volvió a mover influencias en contra de la mencionada ley, consiguiendo que esta nunca llegara a aplicarse.

En 1867 Burnand vendió indebidamente la mitad del monte del Desierto a uno de los muchos acreedores que tenía, el señor Juan Rondero; en el Archivo General se conserva todavía, integro el expediente que habla de las trapacerías de Burnand (Sosa).

En el año de 1876 el Presidente Sebastían Lerdo de Tejada procedió a la expropiación del Desierto de los Leones por causas de utilidad pública.

En el mes de febrero de 1913, al estallar la "Decena Trágica" y ser derrocado Madero, usurpando el poder Victoriano Huerta, el ingeniero Miguel Angel de Quevedo, fue aprendido en esta capital al ir acompañado de varios alumnos de la escuela forestal de Santa Fe, se le hizo, entre otros cargos el de haber entregado a los maderistas las armas con que contaban los alumnos militarizados de la Escuela Forestal. Días después hubiera sido fusilado por órdenes personales de Huerta, por oponerse a que favorecidos de éste explotaran el Bosque del Desierto de los Leones y cortaran con fines comerciales los árboles de los "Viveros de Coyoacán"; pero no llegó a cometerse tal atentado por que el señor Ernesto Pugibet, propietario de la fábrica de cigarros "El Buen Tono", lo puso al tanto, entonces ambos decidieron salir para Francia con sus respectivas familias (Ibid).

En 1914 el entonces Presidente General Victoriano Huerta, autorizó la apertura de un restaurante en el recinto del convento. Poco más tarde llegó a pensarse en instalar hoteles y garitos. Durante la revolución se convirtió en madriguera de rebeldes, en escondite de zapatistas. Un revolucionario famoso por su arrojo y crueldad Valentín Reyes, escogió esta zona como centro de fechorías.

Hombres de estudio, notables por su conocimiento, por sus trabajos, por su amor a la Patria, como los Ingenieros Pastor Rouaix, Miguel A. de Quevedo, Salvador Toscano, Gilberto Serrato, Tereso Reyes y otros más, que se encontraban por aquellos tiempos al frente del Servicio Forestal Federal, pugnaron activamente ante don Venustiano Carranza para que el monte del Desierto de los Leones pasara a la categoría de parque nacional. Como resultado de estas gestiones dignas de todo encomio, con fecha de 15 de noviembre de 1917, el C. Presidente de la República promulgó su Decreto creando el Parque Nacional Desierto de los Leones (Ibid).

En épocas recientes durante el período del Presidente Luis Echeverría Alvarez se hizo el intento de dar en dotación de tierras a una comunidad. Más tarde por una resolución agraria el entonces Presidente José López Portillo reconoció derechos, tituló y adjudicó el parque nacional a una comunidad que se llamó San Mateo Tlaltenango. A pesar de existir un acuerdo que declara inafectables, en materia de dotaciones y restituciones ejidales los parques nacionales; este fue expedido por Lázaro Cárdenas el 28 de abril de 1937 y publicado el 7 de junio del mismo año. La Ley de la Reforma Agraria, también en su artículo 249 declara inafectables por concepto de dotación o creación de nuevos centros de población. Y por fin el 16 de diciembre de 1983, por decreto expedido por el Presidente Miguel de la Madrid Hurtado, se expropió y reivindicó la superficie del Parque Nacional Desierto de los Leones en favor del Departamento del Distrito Federal, fue publicado el 19 de diciembre de 1983.

Propuestas

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Comentarios

El Parque Nacional Desierto de los Leones tiene una gran importancia ecológica, por los siguientes aspectos: protege el bosque, conserva el suelo, recarga los acuíferos, amortigua el clima, amortigua la contaminación, alberga la fauna silvestre. Por lo que es necesario que se le cambie la denominación de "Cultural y Recreativo".

Es necesario cumplir con una serie de necesidades y requerimientos, que son básicos para el funcionamiento adecuado, entre las más importantes a corto y mediano plazo estarían:

El deslinde y amojonamiento del parque.

La definición legal con la comunidad de San Mateo Tlaltenango.

Es necesario se diseñen y coloquen señalamientos adecuados y senderos interpretativos, para prevenir y evitar el impacto por parte de los visitantes.

Se requiere se diseñen e intensifiquen los programas de educación ambiental.

Se requiere ampliar el sistema de vigilancia.

Se requiere revisar la cuota de cobro por concepto de entrada al parque, ya que se considera que $10pesos es poco. Y el dinero debería ser para el mantenimiento del mismo.

Bibliografía

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- Mandujano Rodríguez, Salvador y Hernández Arellano, Guadalupe. 1990. "Análisis de los factores ambientales que influyen sobre el nivel poblacional del venado cola blanca Odocoileus virginianus, en el Parque "Desierto de los Leones". UAM-Xochimilco. En: Areas naturales protegidas de México y especies en peligro. UNAM. Escuela Nacional de Estudios Profesionales Iztacala. Páginas 351 a 364.

- Báez Macías, Eduardo. 1981. El Santo Desierto. Jardín de contemplación de los carmelitas descalzos en la Nueva España. Universidad Nacional Autónoma de México. 55 páginas, más ilustraciones.

- Departamento Forestal y de Caza y Pesca. 1935. Carta topográfica del Parque Nacional Desierto de los Leones. Aprobada por el Jefe del Departamento Ing. Miguel Angel de Quevedo. Escala 1: 20,000.

- Departamento Forestal y de Caza y Pesca. 1937. Carta topográfica del Parque Nacional Desierto de los Leones. Sección de Topografía y Dibujo. Reviso: Ing. Tereso Reyes. Escala 1: 10,000.

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