
2. EL ECOTURISMO: DEFINICION, ALCANCES Y DESARROLLO EN EL MUNDO
De manera de evitar o al menos minimizar los efectos adversos y de
aprovechar al máximo los beneficios potenciales, se requiere de un
enfoque más efectivo y ambientalmente responsable del turismo en
áreas naturales a nivel mundial. Este nuevo enfoque se conoce ya
universalmente como 'turismo ecológico' o 'ecoturismo'. El
término 'ecoturismo', así como su definición preliminar, fueron
acuñados en 1983 por el Arq. Héctor Ceballos Lascuráin.
La UICN (La Unión Mundial para la Naturaleza) define al
ecoturismo como "aquella modalidad turística ambientalmente
responsable consistente en viajar o visitar áreas naturales
relativamente sin disturbar con el fin de disfrutar, apreciar y
estudiar los atractivos naturales (paisaje, flora y fauna
silvestres) de dichas áreas, así como cualquier manifestación
cultural (del presente y del pasado) que puedan encontrarse ahí, a
través de un proceso que promueve la conservación, tiene bajo
impacto ambiental y cultural y propicia un involucramiento activo
y socioeconómicante benéfico de las poblaciones locales"
(Ceballos-Lascuráin, 1993b).
Lo anterior significa que la definición del ecoturismo comprende
un componente normativo. Sólo a través del establecimiento de
lineamientos estrictos y de su cumplimiento se podrá garantizar
que el ecoturismo no se convierta en un agente dañino para el
patrimonio natural o cultural de un país o región. Es por ello
que el ecoturismo es una modalidad del turismo sostenible, que a
su vez se inserta dentro del marco general de desarrollo
sostenible. Este último ha sido definido como un patrón de
transformaciones estructurales de índole socioeconómica que
optimiza los beneficios sociales y económicos del presente, sin
poner en riesgo el potencial para obtener beneficios similares en
el futuro. Por tanto, el turismo sostenible es todo aquel turismo
(ya sea basado en recursos naturales o no) que contribuye al
desarrollo sostenible. Al concluir nuestro milenio, es evidente
que toda actividad turística debe integrarse al gran rubro de
turismo sostenible. Pero eso no significa que todo el turismo
deba convertirse en ecoturismo. Habrá gente que quiera seguir
viajando para visitar las grandes ciudades y los parques de
atracciones, divertirse en los centros de playa y en los casinos y
centros nocturnos o ir de compras a los grandes centros
comerciales. Pero todas estas modalides turísticas deberán
convertirse en procesos de desarrollo sostenible.
El concepto de ecoturismo ha recientemente emergido como una
opción viable tanto para conservar el patrimonio natural y
cultural, como para promover un desarrollo sostenible. Por tal
motivo, las organizaciones interesadas en la conservación de la
naturaleza, incluyendo la UICN, se encuentran activamente
involucradas en la difusión y promoción de este tipo de turismo
ambientalmente responsable vinculado con áreas naturales, el cual
requiere de un enfoque multidisciplinario, una cuidadosa
planeación - física y administrativa - y pautas y reglamentos que
garanticen una operación sostenible.
El ecoturismo habrá de enfocarse como un componente lógico del
ecodesarrollo, y sólo a través de un involucramiento
intersectorial podrá verdaderamente alcanzar sus objetivos.
Gobiernos, empresa privada, comunidades locales y organizaciones
no gubernamentales (ONGs), todos tienen papeles importantes que
jugar. Es evidente que los diferentes países del mundo deberán
establecer planes nacionales de turismo, mismos que habrán de
incluir estrategias y pautas ecoturísticas bien definidas.
Recientemente han sido creados en diferentes países consejos
nacionales de ecoturismo (CNEs), integrados por representantes de
todos los sectores involucrados en el proceso ecoturístico, con
resultados iniciales promisorios. Ya que el nuestro es un planeta
que constantemente se encoje (debido a los servicios y facilidades
modernos de viaje, así como a tratados económicos y comerciales),
las estrategias ecoturísticas deben también partir de un enfoque
regional. Los diferentes países podrán conjuntar esfuerzos a fin
de ofrecer atractivos paquetes integrados dentro del creciente
mercado mundial de servicios ecoturísticos.
Antes de pretender que el ecoturismo alcance su pleno potencial y
a fin de evitar los escollos, se requiere del establecimiento de
principios bien fundamentadas y lineamientos claros para un
involucramiento activo apropiado de carácter intersectorial, en el
que participen autoridades públicas, comunidades locales,
administradores de parques y otras áreas protegidas, ONGs y la
empresa privada. Se requiere asimismo de investigaciones a fondo,
tanto de carácter regional como a nivel de sitio específico, sobre
los impactos ambientales y socioeconómicos del ecoturismo, el
desarrollo de estrategias a nivel nacional y regional, la
definición de itinerarios y circuitos ecoturísticos, así como el
establecimiento, monitoreo y evaluación de proyectos piloto
hábilmente seleccionados.
Existe el peligro de que negociantes y promotores sin escrúpulos,
fingiendo ser "empresarios ecoturísticos", obtengan permisos
oficiales para desarrollar actividades que son dañinas al entorno
natural y/o cultural. Las autoridades gubernamentales y las ONGs
deben mantenerse alertas a fin de detectar estas iniciativas y
detenerlas a tiempo.
Un aspecto que deberá enfatizarse es que, si el ecoturismo se
restringe sólo a las áreas legalmente protegidas, demasiadas
presiones podrán llegar a ser ejercidas sobre éstas. Asimismo,
promover el ecoturismo en áreas naturales que no se encuentran
legalmente protegidas puede propiciar que las comunidades locales,
por propio interés (y no sujetas a presiones legalistas externas),
conserven sus áreas y recursos naturales circundantes.
En todos los países del mundo (sobre todo en aquéllos en que el
turismo juega un papel vital en su desarrollo socioeconómico, como
el nuestro), una alta prioridad gubernamental debe ser la
consecución del vínculo más productivo posible entre el turismo -
incluyendo el ecoturismo - y la conservación de la naturaleza y
los recursos naturales (así como patrimonio cultural asociado),
mediante un enfoque de desarrollo sostenible.
Es interesante señalar que en 1985, según un estudio llevado a
cabo por el US Fish and Wildlife Service de los EU, un total de
167.5 millones de ciudadanos estadunidenses con edad de 6 años o
más participaron en algún tipo de recreación asociada con la
naturaleza, incluyendo actividades tanto consumidoras (caza y
pesca) como no consumidoras (US Fish and Wildlife Service, 1988).
Estas últimas superaron en número ampliamente a las actividades
consumidoras: 161 millones de personas, contra 50.6 millones de
pescadores deportivos y 18.5 millones de cazadores deportivos. Los
gastos no consumidores de norteamericanos (con edad mínima de 16
años) fueron de US $14,000 millones, de los cuales US$ 4,400
millones estuvieron relacionados con viajes. 29.5 millones de
estadunidenses de 16 años o más hicieron viajes con el propósito
fundamental de observar, fotografiar y alimentar a la fauna
silvestre. Como la categoría aislada más importante, la
observación de aves proveyó solaz fuera de su sitio de residencia
a 25.0 millones de personas. Los 29.5 millones de viajeros
llevaron a cabo 274 millones de viajes, incluyendo a 1,130,000 de
ciudadanos de los EU que visitaron en 1985 al menos un país
extranjero con fines ecoturísticos, habiendo permanecido un total
de más de 8 millones de días en el extranjero. Si consideramos un
gasto promedio de US $100 por día, esto significa un gasto
superior a US $ 800 millones para todos los países extranjeros
visitados por turistas de la naturaleza norteamericanos en 1985.
Lamentablemente, el estudio de referencia no da mayores
indicaciones en relación a cuáles son los países extranjeros que
más visitan estos turistas naturalistas estadunidenses. México,
por su ubicación geográfica tan próxima a los EU, debería ocupar
la más alta posición como destino ecoturístico extranjero
preferido de los norteamericanos. Sin embargo, parece ser que no
es así, debido en gran medida a que se ha hecho hasta ahora muy
poco para promover la imagen ecoturística de México a nivel
internacional.
En 1989 se estimó que un total de US $ 25,000 millones fueron
transferidos por la actividad turística en general de los países
del norte hacia los del sur. De esta cifra es evidente que la
mayor parte corresponde a viajes de negocios y de turismo
"convencional", pero lo que es indudable es que el porcentaje
correspondiente al ecoturismo está creciendo de manera notable
cada año (Kutay, 1989).
Se requiere de una cuidadosa planeación para evitar los
potenciales efectos negativos del turismo de la naturaleza, en
especial la tendencia de la gente local a visualizar las áreas
protegidas como áreas establecidas para el beneficio de
extranjeros más que para ellos mismos. Asimismo, si los tomadores
de decisiones en las altas esferas gubernamentales llegan a creer
que los parques nacionales existen fundamentalmente para obtener
recursos económicos, y las expectativas en ese sentido por algún
motivo no se cumplen, hay el riesgo de que se empiecen a buscar
otros usos más rentables para esas tierras. También existe el
peligro de que los gobiernos intenten obtener el máximo de
ingresos económicos de las áreas legalmente protegidas mediante un
desarrollo físico inapropiado. Los grandes hoteles, las carreteras
de alto impacto ambiental y los campos de golf que son
desarrollados para atraer a más visitantes pueden disminuir los
valores naturales de un parque nacional y finalmente convertirlo
en una área cuyo objetivo principal es el turismo masivo en lugar
de la conservación y el uso sostenido de sus recursos (lo cual ya
está ocurriendo en varios parques nacionales de EU). Es por ello
que las autoridades encargadas del manejo de los parques
nacionales y otras áreas protegidas deben trabajar estrechamente
con las autoridades de turismo, buscando el equilibrio adecuado en
la actividad turística.
Kenia es uno de los pocos países en vías de desarrollo que en la
actualidad tiene una política explícita consistente en que la
fauna silvestre rinda más beneficios económicos a través del
ecoturismo que de la cacería, por ejemplo. Un estudio realizado
por Western (1984) hace varias estimaciones del potencial
económico de diversas opciones para el uso de la tierra en el
Parque Nacional de Amboseli. Esta región árida ofrece pocas
alternativas además de la ganadería y la explotación de su fauna
silvestre a través del turismo. En 1972, de acuerdo con este
estudio, la opción ecoturística generó 166 veces más ingresos que
la actividad ganadera. Haciendo proyecciones, se estimó que el
ecoturismo podía generar alrededor de US $ 8 millones anuales
(contra tan sólo $450,000 si todo el parque se abocara a la
ganadería y al pastoralismo). El asignar un valor económico a las
especies de fauna silvestre (conservándolas vivas en su medio
natural) puede ayudar a su conservación. Un análisis del valor de
los leones en Amboseli mostró que éste era de US $ 27,000 anuales
por león (como atractivo ecoturístico). En otro estudio clásico
realizado por Thresher (1981), se estimó que un león macho puede
atraer divisas extranjeras por US $ 515,000 durante toda su vida
(como atracción turística) comparado con tan sólo US $ 8,500 si el
león se usara como recurso de la caza deportiva y entre US $ 960 y
$ 1,325 si se usara para fines comerciales. Dicho autor estimó
que más de 2,000 empleos se generaron en 1980 en Amboseli por la
actividad ecoturística. Estimó también el valor de la manada de
elefantes de Amboseli en US $ 610,000 por año. Es obvio que estos
animales tienen un mayor valor vivos (como atracción turística)
que muertos. El valor comparativo de cacería sería menos del 10 %
de esta cifra. Más aún, los ingresos netos del parque (debidos
básicamente al turismo) se estiman en US $ 40 por Ha por año,
comparado con US $0.80 por Ha por año si se dedicara a la
agricultura intensiva.
Lamentablemente este tipo de estudios económicos comparativos no
han sido aún realizados a fondo en México, lo cual evidentemente
daría argumentos muy sólidos para la conservación de los
ecosistemas. En la Sección 3 describiremos la poca información
disponible para México relativa a la interacción ecoturismo-
desarrollo socioeconómico.
De manera de responder adecuadamente a las demandas
socioeconómicas de los parques nacionales y otras áreas
protegidas, Miller (1980) enfatiza la necesidad de que los parques
cuenten con sociólogos y economistas - quizá hubiera que agregar a
licenciados en administración de empresas - entre su personal. El
sociólogo del parque (especializado en recreación) sería así
responsable de las investigaciones relacionadas con los usuarios
del parque, así como con las poblaciones locales próximas al
parque, y de la manera de involucrar a éstas en las actividades de
manejo (incluyendo el proceso ecoturístico) de dicha área
protegida. Por otra parte, el economista del parque se
responsabilizaría de la signación y uso de los recursos del
parque, buscando nuevas fórmulas para incrementar sus ingresos y
su nivel de autofinanciamiento.
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