| Desde que en enero de
este año el Ministerio del Medio Ambiente, en una suerte
de re-centralización administrativa, absorbió
al Instituto Ecuatoriano Forestal y de Areas Naturales y
Vida Silvestre, INEFAN, una gran espectativa se generó
en torno a la alternativa institucional que se propondría
para reemplazar a la eliminada entidad.
Los juveniles ánimos iniciales del régimen, generaron
no poco interés en todas sus áreas y la ambiental
no fue una excepción. Pero ¿qué ha ocurrido
en el Ministerio del Medio Ambiente, MMA, en estos turbulentos
meses de un gobierno que prometía ser una gran armonía?
La primera acción ministerial de gran alcance, constituyó
la nombrada absorción del INEFAN, entidad de gestión
de los bosques, las áreas protegidas y la biodiversidad;
y, control de la deforestación, el tráfico de
madera y la vida silvestre. Es cierto que esta institución
adoleció de severos problemas administrativos e ineficiencia
en el cometido de sus objetivos, lo cual le valió tener
una baja credibilidad de parte del sector que pretendió
administrar, pero al eliminarla abruptamente sin elaborar un
diagnóstico previo que evalúe los problemas existentes,
no se ha permitido conocer el real alcance de los mismos y,
más bien, se han creado nuevos conflictos. Aunque aún
puede fascinar a muchos, esta política de inventar el
mundo cada vez que un nuevo funcionario inicia su gestión,
esto no siempre es correcto y significa para el Estado un impresionante
derroche de energías administrativas y financieras, pues
no es el momento de que cada funcionario ensaye "su"
experimento, sino que se vayan perfeccionando los sistemas existentes
en base a evaluaciones objetivas. El hecho de que a diez meses
de tomada la medida no se haya propuesto una entidad o sistema
administrativo alterno, deja entrever que en la desaparición
del INEFAN imperó más esa ira que experimentan
los funcionarios bisoños al ver que un mecanismo no funciona,
que el análisis reposado que debe preceder a las decisiones
que involucran los asuntos públicos.
Mientras el MMA, probablemente, está encerrado en sus
gabinetes diseñando a la entidad que reemplazará
al INEFAN, la administración pública de los recursos
forestales del país se encuentra paralizada por casi
un año, con lo cual la destrucción de sus bosques
primarios, por lógica, debe haberse acelerado y, tal
vez, sobrepasado la aciaga cifra de 200.000 hectáreas
de bosque destruido cada año, a la cual llegamos en 1992,
año de la cumbre ambiental de Río de Janeiro.
Con seguridad el tráfico ilícito de biodiversidad
también se habrá incrementado considerablemente.
En el plano ambiental, el MMA tampoco ha logrado consolidar
un esquema legal ni administrativo que permita una gestión
sistemática de este sector.
Pero ¿por qué en quince meses de la actual gestión
el MMA no ha podido desarrollar un sistema administrativo ecológico-ambiental
para el Ecuador?. Una explicación de este hecho es, probablemente,
que los conductores principales del MMA, fieles a su trayectoria,
no han logrado desvincularse de la cultura de organización
no-gubernamental que fluye impetuosa por sus venas y han convertido
al MMA en una gran "oenege" ambientalista en vez de
la entidad reguladora / controladora que debe ser, limitando
el ámbito de interés público que deben
tener los ministerios. Así, el MMA no consolida un sistema
administrativo, cual es su obligación, sino que persigue
un conjunto de proyectos coyunturales de limitado provecho para
la gestión pública. Es por esta razón que
ciertos actos de este Ministerio responden a la lógica
"oenegé", como el caso de la declaración
como "zonas intangibles" a varias áreas de
la Amazonía, en las cuales queda prohibida la explotación
de recursos naturales no-renovables. Aunque la intención
de la medida es digna de aplauso, el procedimiento elegido para
lograrla no fue el oficial de crear un área protegida,
que está previsto en la Ley Forestal, sino el espontáneo
de crear una figura fantasma para el marco administrativo-legal
del país, cual es la "intangibilidad", que
aparte de su buena intención carece de una base normativa
específica.
Otro aspecto de la gestión del MMA también nos
revela la tendencia "oenege". En la reunión
de la Ministra del Medio Ambiente con personalidades mundiales
del ambientalismo, celebrada en Galápagos en octubre
último, con la participación del señor
Presidente de la República, se anunció que fue
con el objetivo de presentar una "Estrategia Ambiental
para el Desarrollo Sostenible". Un instrumento, de tanta
importancia, que dicho sea de paso se desconoce su contenido,
no puede ser menos que consultado en todos los ámbitos
del país, pero no, en el MMA se decidió presentarlo,
en exclusiva, a los representantes de las organizaciones financistas
del firmamento ambientalista mundial. En realidad lo que ocurrió
aquí fue la aplicación de una querida técnica
de las "oenegés", la de vender sus proyectos
a los "donors", es decir, a los potenciales donantes.
No interesa conocer cuando llegarán al país los
30 millones de dólares que la Ministra Kakabadse anunció
como fruto de sus gestiones, sino que se resalta el hecho de
que la gestión ambiental de un país debe rebasar
al ámbito estrecho de los proyectos, pues aquella más
tiene que ver con procedimientos públicos, encuadrados
en un marco regulador, a fin de que las actividades socio-económicas
se desarrollen sin ocasionar impactos negativos de importancia
al ambiente; con mecanismos oficiales para asegurar que el aprovechamiento
de los recursos naturales no signifique la destrucción
del suelo, los bosques y la biodiversidad, etc., que desarrollar
las actividades muchas veces repetitivas y descoordinadas que
son los proyectos estilo "oenegé".
Es importante comprender que para no marginarse del proceso
de globalización en que se encuentra el mundo, el Ecuador
necesita más que proyectos, seguridad jurídica,
que en lo ambiental comprende la definición de los mecanismos,
las instituciones, los procedimientos que guiarán a las
actividades socio-económicas para evitar que éstas
causen daños al ambiente y molestias a la ciudadanía.
Contrariamente a esta necesidad, la actual administración
ambiental más bien ha desarticulado la base administrativa
de gestión ecológica que existía, sin presentar
al país una propuesta administrativa válida para
la gestión de la naturaleza y el ambiente.
Salvo su transformación en una gran "oenegé",
a quince meses de gestión, no se notan los cambios que
el sector ambiental necesita con urgencia, continuando el Ministerio
en la misma indefinición y vacío que cuando se
lo creó hace tres años en el régimen del
depuesto Presidente Bucaram.
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