ANTECEDENTES
En 1992 y 1993, durante los debates sobre el Tratado
de Libre Comercio para América del Norte (TLC), diversas
coaliciones de grupos estadunidenses, mexicanos y canadienses
libraron duras batallas en las ciudades de Washington y México
en torno a las consecuencias que podría tener el acuerdo
sobre el ambiente de la zona fronteriza entre México
y Estados Unidos. Sin embargo, ahora que el TLC ha entrado en
vigor, muchas de las coaliciones binacionales y trinacionales
al parecer han agotado su interés (y los recursos financieros
que dedican al asunto). Por ejemplo, durante los debates respecto
al TLC, la organización ambiental estadunidense Sierra
Club criticó la manera en la que el comercio ya tenía
un efecto negativo sobre una infraestructura ambiental de por
sí dañada. En consecuencia, sus estudios impulsaron
las exigencias de crear un fondo ambiental, lo que con el tiempo
dio lugar al Banco de Desarrollo de América del Norte
(Nadbank, por sus siglas en inglés). Sin embargo, una
vez que el Congreso estadunidense aprobó el TLC, el Sierra
Club no se quedó a supervisar el manejo ambiental. De
hecho, su revisión de las bioregiones de América
del Norte ignora casi por completo a México. El club
prefirió dedicarse a otra cosa, y en 1994 cabildeó
en contra del Acuerdo General sobre Tarifas y Comercio (GATT).
De la misma manera, a partir de 1994 algunos grupos que apoyaron
al TLC, tales como el World Wildlife Fund y la National Wildlife
Federation, han demostrado poco interés en la frontera.
Tan solo el Environmental Defense Fund conservó su oficina
fronteriza en Texas. ¿Cómo puede explicarse que
uno de los temas más importantes del TLC haya desaparecido
de la escena en tan solo tres años?
Los grupos ambientales no trabajan en el vacío. Después
de muchos años de descuido, la frontera se convirtió
en noticia de primera plana en 1992 cuando los medios y el público
de Estados Unidos descubrieron a México y a la zona fronteriza.
Las visitas de los congresistas a las zonas pobres y a los tiraderos
de desechos tóxicos se convirtieron en un plato regular
de la dieta periodística estadunidense. Los diarios mexicanos
también empezaron a prestar más atención
a la frontera. El proceso se alimentaba a sí mismo a
medida que los políticos dedicaba más tiempo a
esta zona, la prensa incrementaba su cobertura, las fundaciones
ofrecían nuevos recursos para investigaciones y proyectos,
los grupos ambientales se montaban al carro y la prensa cubría
sus esfuerzos. Entre 1992 y 1993 la frontera se convirtió
en un tema prioritario. Irónicamente, sin embargo, este
ciclo se rompió a partir del 1 de enero de 1994, cuando
entró en vigor el TLC.
Cabe destacar que la división más notable entre
los grupos ambientales de Estados Unidos surge a raíz
de la dicotomía entre lo nacional y lo regional. Para
las organizaciones que tienen su sede en la ciudad de Washington,
la frontera no era más que otro estudio de caso en el
proceso de cambio global del ambiente. Para los grupos que operan
en la frontera, ésta era claramente su hogar. Los grupos
locales tanto estadunidenses como mexicanos obtuvieron un nuevo
reconocimiento por parte de los medios y de los actores gubernamentales.
Después de haber trabajado en un aislamiento parcial,
los dirigentes de grupos como el Proyecto de Ecología
Fronteriza de Arizona (Arizona's Border Ecology Project) el
Comité Ambiental de la Región de San Diego-Tijuana
(Environmental Commitee of the San Diego-Tijuana Region) y Bioconservación,
del estado de Nuevo León, fueron reconocidos como expertos
por la prensa nacional e internacional. Este destello de atención,
sin embargo, fue breve. Los medios más grandes volvieron
los ojos una vez más a los reportajes de migración
y drogas que contribuyen a crear una percepción pública
de la frontera que puede ser correcta pero también resulta
estereotípica. Es posible que los problemas de infraestructura
y los temas de conservación ambiental simplemente no
tengan suficiente "gancho", como diría un editor.
Y quizás sea imposible combatir la nefasta idea de que
la frontera no es más que el borde de dos naciones, lo
que la coloca en la periferia de dos culturas y no la hace merecedora
de una atención constante.
QUÉ ES LA FRONTERA?
Puede argumentarse que la definición de la zona fronteriza
entre México y Estados Unidos contenida en el Acuerdo
de La Paz firmado por ambos países en 1983 -cien kilómetros
a ambos lados de la línea divisoria oficial- describe
de manera bastante pobre la realidad ambiental, política
y cultural de esta región.
Al crear un plan para cartografiar la zona fronteriza mediante
un Sistema de Información Geográfica (GIS), los
funcionarios tienden a explorar las conexiones naturales y a
utilizar las cuencas compartidas de aire y de agua y las especies
comunes como las mojoneras para trazar los mapas de este nuevo
terreno.
Desafortunadamente existen pocos proyectos para aplicar este
ambicioso enfoque binacional y bicostero. La mayoría
de las universidades e instituciones de investigación
se inclinan por mirar hacia la frontera a través de ventanas
aisladas. Lo mismo sucede con los medios. El diario El Paso
Times puede hacer reportajes sobre Ciudad Juárez, pero
pocas veces se interesa en Brownsville y Matamoros o en San
Diego y Tijuana. Su sección sobre la frontera (Across
the Borderlands) no cubre México, sino Nuevo México.
Las dependencias estatales como la Comisión para la
Conservación de los Recursos Naturales de Texas (Texas
Natural Resource Conservation Commission, TNRCC) están
autorizadas para trabajar con otros estados que tengan frontera
con Texas. Así que mientras desarrollan relaciones y
programas de supervisión ambiental transfronteriza con
los estados de Tamaulipas y Coahuila, no están trabajando
con Baja California. De la misma manera, las universidades estatales
tienen vínculos con la zona que las rodea. Y esos vínculos
tienen límites razonables. Lo que resulta cuestionable
es que se hagan tan poco esfuerzos por abordar la frontera como
una entidad con su norte, sur, este y oeste.
A nivel federal, la agenda binacional fue establecida por la
Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (Environmental
Protection Agency, EPA) y por la Secretaría del Medio
Ambiente de México (primero SEDUE, después SEDESOL
y ahora SEMARNAP). Ambas dependencias diseñaron el Plan
Ambiental Integrado para la Frontera (Integrated Border Environmental
Plan, IBEP) en 1992. El plan destacó por una notable
falta de participación de las comunidades fronterizas
y fue criticado por grupos de ambos países. El actual
plan Frontera 2000 fue uno de los resultados de esos inciertos
comienzos. Uno de los planes más tenaces para abordarr
la frontera es el Proyecto de Inventario de los Recursos Transfronterizos
(Transboundary Resource Inventory Project, TRIP). Se trata de
una idea propuesta por la Oficina General de Tierras de Texas
(General Land Offic) y pasará algún tiempo antes
de que sepamos si este incipiente convenio entre diez universidades
estadunidenses y cuatro mexicanas, junto con el Servicio Geológico
de Estados Unidos y el INEGI de México, puede propiciar
una alianza exitosa. Pero por el momento se trata del único
intento por abordar la frontera común de costa a costa.
En 1994 la Universidad de California publicó Two
Eagles: The Natural World of the United States - Mexico Borderlands
(Dos águilas: el mundo natural de la zona fronteriza
entre México y Estados Unidos), un magnífico libro
de Tupper Ansel Blake y Peter Steinhart. Este volumen ilustra
tanto la belleza física como las implicaciones políticas
de la conservación fronteriza. La investigación
fue patrocinada por The Nature Conservancy, un grupo dedicado
a la conservación ambiental que tiene proyectos en México
y en Estados Unidos pero que no suele discutirlos en público.
PROBLEMAS CON LOS MEDIOS
La cobertura del medio ambiente fronterizo tradicional presenta
varios problemas. En primer lugar, el mercado es pequeño
y parece estarse secando. Y el reducido mercado encajona las
historias de dos maneras: se están logrando grandes avances,
o estamos al borde de una catástrofe. Las revistas "progresistas"
publican reportajes sobre barrancas repletas de desechos tóxicos
y riesgos para la salud, pero pocas veces incluyen historias
positivas. Por otra parte, a las revistas financieras les fascinan
las historias alegres sobre maquiladoras.
Los reportajes de los medios principales no son mucho mejores.
La frontera parece tan lejana desde las capitales estatales
de Austin y Phoenix, por no hablar de Washington y la ciudad
de México, que los diarios pocas veces cubren la región,
excepto cuando ocurre una crisis.
Las agencias noticiosas parecen más interesadas en el
origen de la información, es decir, de qué lado
de la frontera proviene. Existe una cobertura mexicana de la
frontera y una cobertura estadunidense, y ambas se fraccionan
aún más por estados. Las agencias noticiosas no
tienen una sección de "frontera", y por lo
tanto se hacen pocos intentos por investigar o identificar las
tendencias en esa región.
ARCHIVO AMBIENTAL
A mediados de 1994 inicié un archivo
en línea con los materiales sobre la frontera que había
escrito para las publicaciones Mexican Environmental Business,
Texas Environmental News y El Financiero International. Como
periodista independiente me interesaba dar a conocer mi especialización.
Y al subir mis textos a la red me empezaron a llegar preguntas
e información que me permitieron iniciar la investigación
de nuevos reportajes. También pensé que sería
buen karma compartir la información que de otra manera
llegaría tan solo a unos cuantos cientos de suscriptors
antes de pasar al olvido.
Un año después este archivo se incrementó
con bibliografías, listas de contactos y enlaces a las
páginas electrónicas de gobiernos, grupos académicos
y ambientales e individuos. Este es el material que conforma
los archivos
ambientales de la zona fronteriza (Border Environmental
Archives).
Creación de un compendio de noticias ambientales de
la zona fronteriza Si queremos ver información más
actualizada y con una alta calidad periodística sobre
el ambiente de la zona fronteriza, es necesario crear un compendio
de noticias ambientales. Deseo hacer hincapié en que
en lugar de crear nuevos empleos para otros periodistas, debemos
respetar a los que actualmente cubren estos temas.
Es necesario alentar a los medios principales para que publiquen
más reportajes ambientales. Y está muy bien crear
un un archivo electrónico, pero ello podría conducir
a una mayor polarización del tema. Por ello parece más
razonable vincular el acceso a internet con el periodismo tradicional.
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